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VIAJE A TRAVEZ DEL
UNIVERSO
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EL RETORNO DE LA GENESIS
Me da gusto
volverlos a saludar y espero que hayan tenido un buen mes. Como les platicaba en
el pasado Noti-Ropsa (#76), como les prometí les voy a contar sobre la cápsula
Génesis y de el eclipse total de luna que fuimos testigos en todo el continente
americano.
La cápsula Génesis,
fue lanzada desde Cabo Cañaveral, Florida, el 8 de agosto 2001 con el propósito
de capturar muestras del viento solar que reforzaría la información sobre el
Sol, proporcionada por la misión Apolo 17 en 1972, la Apolo 17 fue la ultima
nave espacial tripulada que llego a la Luna.
Desde que la Génesis penetro a la
atmósfera terrestre, los telescopios del Jet Propultion Laboratory (JPL) de
California, Estados Unidos, vieron que estaba dando tumbos y por la misma razón
los paracaídas que
la estabilizarían y permitirían su frenado no se desplegaron y esto causo que se
estrellara sin remedio contra la Tierra.

En un principio
cuando fue captada por los telescopios del JPL fue vista cruzando los cielos de
Oregon, al norte de Nevada, tenían la esperanza de que dejara de hacer tumbos
para que uno de los dos helicópteros de la Fuerza Aérea Americana la pudieran
capturar, la Génesis tenia una argolla en el fuselaje por donde seria atrapada
por medio de un gancho que
llevaban los helicópteros.
La
cápsula no estaba diseñada para estrellarse y por ello, era remoto que pudiera
salvarse las muestras tan delicadas que trasportaba, pero situación
extraordinaria, se salvo la gran mayoría de la muestra recopilada.
Por otra parte,
este resultado se extrapola al descenso que deberá tener otra cápsula, esta vez,
es la nave Stardust, que en enero de 2006 deberá regresar, ahora con muestras de
polvo de un cometa.
Los eclipses lunares tienen lugar una o dos
veces al año, cuando la Luna, la Tierra y el Sol se alinean de tal modo que
nuestro satélite natural atraviesa el cono la de sombra que proyecta la Tierra.
Visto desde la superficie de nuestro planeta, la Luna se oscurece parcialmente,
poco a poco, hasta que se halla completamente inmersa en la sombra, adquiriendo
en ese momento una tonalidad más o menos rojiza.

A diferencia de los eclipses solares, los
eclipses de Luna se pueden observar con total seguridad y a simple vista -o
empleando instrumental sencillo, como binoculares o pequeños telescopios- sin
necesidad de emplear filtros protectores, ya que la Luna no pasa a ser más
brillante de lo que la observamos cuando se halla en fase llena.
Durante el eclipse se va oscureciendo el disco lunar se
dice que esta en fase parcial. Previo
al inicio de está fase, la Luna ingresa en la penumbra de la sombra de la
Tierra, en lo que se conoce como fase penumbral. En esta parte del fenómeno, la
Luna presenta sólo una disminución en su brillo.
Los eclipses
totales de Luna nos indican el nivel de contaminación que tiene la atmósfera
terrestre. Entre mas oscuro sea el eclipse, significará que hay mas partículas
de contaminación suspendidas en la atmósfera.

En la antigüedad
cuando la Luna se ponía de color rojiza ocasionaba mucho temor. Ese temor hasta
el día de hoy ha repercutido en supersticiones, los que en realidad son puras
creencias y no tienen ningún efecto sobre los seres vivos, la naturaleza o
nuestro planeta en general por ser un resultado de una sombra.
Este eclipse total dio inicio a un periodo vacío de eclipses lunares totales que
durará hasta marzo de 2007, pues en 2005 y 2006 tan sólo tendremos 2 eclipses
penumbrales y otros 2 parciales.
ARTICULO 7
DON QUIJOTE, EL DESTRUCTOR DE COMETAS
En esta ocasión les voy a
platicar de la misión propuesta por España, la “Don Quijote”, la que
está siendo analizada por la Agencia Espacial Europea (ESA), con el
objeto de que una nave pueda desviar un asteroide que tenga una posible
trayectoria que amenace a la Tierra; Pero… ¿Está la humanidad preparada
para hacer frente a la amenaza de un asteroide en trayectoria de
colisión contra la Tierra?
Los científicos estiman
que un asteroide de medio kilómetro de diámetro o mayor golpea a la
Tierra en promedio una vez cada 40.000 años, así que la probabilidad de
enfrentarse a tal situación en el próximo siglo es de alrededor de 1 a
400. La probabilidad es baja, pero no despreciable.
Al contrario de lo que
sugieren las películas, lo que más echan de menos hoy los científicos
para organizar un plan defensivo contra los asteroides, no es ni
astronautas valientes, ni potencia de fuego.
Hay dos alternativas
lógicas para impedir la probable colisión:
1.- Destruir el asteroide. Esta opción
es poco efectiva, porque, si no se tiene un perfecto control sobre el
tamaño de los trozos resultantes, podría haber impactos en más regiones
del planeta.
2.- Desviar el asteroide. Para poder
sacarlo de su trayectoria se requiere tener los conocimientos necesarios
del asteroide y saber con precisión, ¿Cómo?, ¿Cuándo? y ¿Cuanto hay que
'empujarlo'.

Por el momento, todavía no
tenemos una tecnología confiable para realizar esta actividad, como
lo comenta Andrea Milani de la Universidad de Pisa y miembro del
proyecto “Don Quijote” en la revista 'Tumblestone' de la organización
Spaceguard.
Por eso la ESA ha
seleccionado esta misión para un estudio de viabilidad. Don Quijote,
además de desviar el asteroide, tomará datos de su estructura interna
antes de actuar sobre él, y enviará datos durante todo el proceso. El
contratista principal de Don Quijote es la compañía española Deimos
Space S.L., y participan también Astrium GMBh (Alemania) y científicos
italianos, franceses y suizos.
Don Quijote consiste en
dos naves: Hidalgo y Sancho. Su objetivo será un asteroide pequeño, de
medio kilómetro de diámetro. Sancho se encontrará con el asteroide unos
meses antes que Hidalgo; lo medirá y posiblemente clavará en él un
sismógrafo que de datos sobre su estructura interna. Una vez recopilados
estos datos Hidalgo se lanzará como un “kamikaze” contra el asteroide, a
una velocidad relativa de al menos 10 kilómetros por segundo. En el
momento del impacto, Sancho se retirará a una distancia segura para
observar el impacto sin correr riesgos innecesarios. Más tarde volverá a
una órbita cercana, para observar los cambios en la órbita, el estado de
rotación del asteroide, y recolectará muestras de polvo expulsado del
impacto, para posteriormente realizar su análisis.
El estudio
que ahora emprende la ESA abre la puerta a la posibilidad de que Don
Quijote "vuelve a 'volar' convertida en una misión esencial para los
planes europeos de defensa contra los asteroides", afirma Miguel Belló-Mora,
director de Deimos Space, que dice sentirse "orgulloso". La ESA ha
escogido nuestro diseño de misión como referencia para el plan de
mitigación de riesgo de asteroides tras una convocatoria inicial de más
de 20 ofertas de toda Europa, y una selección final entre seis proyectos
de las principales empresas de Europa. Para Deimos este hecho supone un
importante paso en la consolidación de la empresa de referencia en
Europa, en Análisis de Misión y diseño de misiones interplanetarias".

¿Conseguiría una misión
como Don Quijote evitar la colisión en caso de amenaza real? Las
simulaciones indican que en ocasiones podría bastar un desvío de menos
de un milímetro, mientras que otras veces haría falta un empujón mayor.
Pero lo importante ahora es aprender a controlar de manera real el
desvío que deberá producirse.
Cambiando
de tema, seguramente todo mundo, en alguna ocasión, ha observado una
“estrella fugaz”. Regularmente se tratan de fragmentos muy pequeños que
orbitan en el Sistema Solar, estos son provocados cuando un cometa se
desplaza por el espacio y va dejando a su paso un rastro de escombros
del mismo. En ocasiones estos escombros interceptan la orbita de la
Tierra y chocan en nuestra atmósfera a alturas entre 80 y 110
kilómetros, se incendian y dejan una estela brillante, pueden algunas
durar varios segundos, inclusive hasta minutos, también pueden tener
coloraciones bancas, azules, verdes, amarillas, rojas y naranjas, esto
es debido al tipo de composición química con la que estén conformadas
las estrellas fugaces. Solamente los asteroides grandes llegan a
impactarse sobre la superficie terrestre y a estos, reciben el nombre de
meteoritos.
Pronosticar cuando va a
pasar un aerolito o meteoro resulta imposible. Sin embargo conocemos las
fechas de cuando ocurren algunas lluvias de estrellas, como las
Perséidas, a mediados de agosto, o las Leonidas en noviembre, entre
muchas más. Pero conocer con precisión en que punto del cielo y a que
hora se apreciará una estrella fugaz resulta imposible. Es por ello que
observar una, es en ocasiones considerado un buen presagio. ¿Cuántos no
hemos oído la frase?: -Cuando veas una estrella fugaz pide un deseo-
Pues unos astrónomos que observaban el cielo con el Telescopio de Gran Escala (VLT) desde el Observatorio Paranal, en Chile, el 12 de mayo de 2002, resultaron tremendamente sorprendidos. Esa noche, los astrónomos pertenecientes al Observatorio Europeo del Sur estaban tomando imágenes y espectros de una supernova en una lejana galaxia, cuando sorpresivamente un meteoro atravesó el cielo justamente por el campo de sus instrumentos.
El
meteoro era tan brillante como la Luna en Cuarto Creciente (magnitud
–8), y estaba a aproximadamente a 100 kilómetros de altura en la
atmósfera incendiándose. Como los instrumentos de los astrónomos estaban
captando datos durante la sesión, pudieron obtenerse imágenes y
registros espectroscópicos del meteoro. Algo que nunca se había obtenido
con el grado de precisión y calidad que estaban adquiriendo hasta ese
momento.
“La oportunidad de capturar un meteoro en el campo de visión de un espectrógrafo es tan remota como si una persona se sacase el premio mayor de la lotería dos veces en su vida.
El espectrógrafo es un aparato muy
útil para los astrónomos, pues les permite conocer información muy
valiosa de los objetos que estudian, tales como: composición química,
temperatura, velocidad y muchos más datos. Fue así como tras analizar
los datos obtenidos por dicho aparato los científicos encontraron que la
temperatura en el meteoro variaba de entre los 4570 y 4650 grados
centígrados. También se pudo analizar la composición
química de su estela, conforme
de incendiaba donde principalmente se encontraron emisiones de oxígeno y
nitrógeno atómicos, así como nitrógeno molecular, producto de la
fricción con nuestra atmósfera. Algo que sorprendió a los astrónomos es
que el instrumental de infrarrojos no captó rastros de carbono en el
espectro del meteoro. Este es un punto inquietante, pues las teorías que
describen que los meteoritos aportaron carbono y demás bloques
constructores para la vida en la Tierra primitiva no pudieron en esta
ocasión avalarse. ¿Habrá que rescribir parte de nuestras teorías sobre
el origen de la vida en la Tierra? De momento es imposible llegar a una
determinación, y tal vez pase un buen tiempo para que otro observatorio
tenga la suerte de captar de la misma manera en sus instrumentos el
trazo de una estrella fugaz.
ARTICULO 8
El Calendario
Me da gusto saludarlos de nuevo, en esta ocasión les platicare sobre el
origen de Calendario.
La historia nos cuenta que la primera
civilización en ponerle nombre a los días de la semana fueron los
babilonicos, que se los dedicaron a 7 divinidades pero,
fueron los alejandrinos los que hicieron coincidir divinidades y
planetas en la denominación (y por tanto en la dedicación) de los días
de la semana.
Fue probablemente a partir de que el número
7 representaba importantes realidades (como los 7 astros principales),
la razón por la que acabó siendo considerado como número sagrado y
afortunado tanto por los babilonios como por los demás pueblos de
aquella área cultural, en especial los judíos. De ellos hemos heredado
la consideración de sagrado para el número 7. Ellos adoptaron también la
semana de 7 días, y no precisamente de los egipcios, porque en esto
parece que les llevaron delantera. Llama especialmente la atención el
interés que puso la cultura judía en el asentamiento de la semana de 7
días. Precisamente el relato de la creación se convierte en el patrón
divino de la semana, forzando incluso el relato; porque siendo 8 las
obras de la creación, Moisés reúne dos en el 3er día y otras dos en el
6º, para que se complete toda la obra en 6 días y quede el séptimo para
descansar.
Del contexto bíblico se deduce incluso que
todo el relato de la creación, y por tanto la semana, tiene como núcleo
no los seis días de trabajo, sino el único día consagrado al descanso a
través del culto a Dios. Ese día de culto era para los judíos el sábado,
mientras para los cristianos fue el domingo. Los clérigos de ambas
religiones entendieron que aunque fuese el último en el relato bíblico,
debía ser el primero en importancia, y por eso lo pusieron como el
primero de la semana. Pero en nuestra lengua y en nuestra cultura
seguimos iniciando la semana por el lunes y acabándola el domingo.

Incluso los ingleses, que empiezan la recitación de los días de la semana por el domingo (sunday), se contradicen al referirse como week end, fin de semana, a los días festivos de ésta (antiguamente, sólo el domingo, y luego, con el avance de la semana inglesa, ya hasta el viernes). Es decir que en fin de cuentas siguen considerando el domingo como último día de la semana. En cuanto a los nombres, es evidente que los recibimos de los romanos con los de los astros (el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno); y así los mantuvimos, exceptuando el sábado (sabbath=descanso) y el domingo (dies domínica = día del Señor).
La iglesia quiso proscribir los nombres de los dioses paganos, pero sólo lo consiguió en la liturgia, no en cambio en el lenguaje corriente: manteniendo los nombres de sábbatum y de domínica, a los demás días de la semana los llamó feriae: La feria prima, que tenía ya su nombre propio, era el domingo; el lunes se llamaba y se sigue llamando en la liturgia, feria secunda; el martes, feria tertia; el miércoles, feria quarta; el jueves feria quinta, y el viernes feria sexta. Sólo el portugués ha conservado estas denominaciones.
Son de notar las variaciones en algunas lenguas de nuestra cultura: el martes se llama en alemán dienstag (día de servicio -militar, es decir día de la guerra); al miércoles lo llaman los ingleses wednesday (día del dios Woden); en alemán lo llaman mittvoch (media semana); el jueves, que los romanos dedicaron a Júpiter tonante, es decir el dios del trueno, los ingleses lo llamaron thursday (día de Thor, el dios del trueno), y de forma parecida en otras lenguas nórdicas; el viernes, que antes de que dominase de nuevo el paganismo se llamó en toda España feria sexta, tiene en inglés el nombre de friday, y en alemán el de freitag (día de libertad, referido a la que se tomaba por ser el día de Venus, la diosa del amor); y el sábado lo llaman los alemanes sonn-abend (tarde o poniente del Sol).

Como resultado de revisar los astros, las
primeras mediciones se hicieron por los babilonios y los chinos y
posteriormente los egipcios.
Particularmente esta
última cultura logró mediciones tan exactas que se cree que fueron ellos
los que diseñaron el mejor calendario conocido hasta ahora, al que se le
compara únicamente otro atino al otro lado del mundo: el calendario
maya.
Pero la
historia de nuestro calendario, por los devenires de la humanidad,
contrario a la cercanía maya, se remonta al egipcio.
Los antiguos
egipcios sabían que el año duraba 365 días y un cuarto adicional, según
la trayectoria de la órbita terrestre alrededor del sol.
La tierra toma
365.25636 días para dar una vuelta alrededor del sol. Los egipcios
estaban completamente enterados de este hecho, pues hay una evidencia
irrefutable:
El Templo de
Abu Simbel, dedicado al Faraón Ramses II, tiene localizado abajo su
santuario, a 180 pies de distancia de la única apertura del templo, ahí
hay una estatua del Faraón, entre otras estatuas. Los rayos del sol han
iluminado su estatua, al lado de la de Amón, cada febrero el día 22 (el
de su coronación) por más de 3 mil 200 años. Si la mínima fracción del
día no se hubiese considerado, esa luz ya no daría en la efigie. Los
astrónomos actuales encontrarían hoy en día un reto repetir esta hazaña.
Paralelamente a
Egipto, se desarrolló el Imperio Romano. Los romanos habían diseñado
igualmente su propio calendario, pero con muchísimas imperfecciones.
Ellos habían
introducido, hacia el siglo VII a.C., un calendario en el que el año
duraba 304 días divididos en 10 meses. En este calendario, el año
comenzaba en marzo.
Pero el año romano
era muy distinto al año solar, y sucedía que las estaciones no se
repetían en las mismas fechas de un año para otro. Por eso, también en
el siglo VII a.C. se decidió añadir dos meses más, Enero y Febrero, al
final de cada año.
Los nombres
de los meses que usamos aún hoy en día, nacen de la mitología romana,
que más adelante precisamos, pero basta decir que Marzo era el primer
mes y luego venían el resto en el orden que hoy lo conocemos.
Martius, Aprilis,
Maius, Iunius, Quintilis, Sextilis, September, October, November,
December, Ianuarius y Februarius. Esto es, el año romano comenzaba en
marzo y terminaba en febrero.
Así, el calendario
quedó compuesto por doce "meses lunares", los llamaban así porque la
duración de un mes era el tiempo transcurrido entre dos lunas llenas,
igual cerca de 29 días y medio, que ellos calcularon mejor en 30 días.
Siglos después, cuando Julio Cesar vino a Egipto en 48 a.C., el calendario egipcio le impresionó por su exactitud y comisionó al astrónomo Sosigenes, de Alejandría, diseñar un calendario para su introducción en el Imperio Romano. Esto dio lugar al Calendario Juliano, nombrado así en honor de Julio César, de 365 días al año y a 366 días cada 4 años (año bisiesto).
El imperio romano se guió por el Calendario Juliano que entró en vigor el 1° de enero del año 45 a.C. y corregía todos los errores que se tenían con el antiguo. El nuevo calendario fue establecido en todo el Imperio Romano y efectivamente resolvió los problemas que se tenían; sin embargo Julio César pudo disfrutarlo muy poco pues fue asesinado apenas al año siguiente de haber entrado en vigor.
En esos tiempos hubo
una gran confusión, pues para entonces, el calendario romano tenía tres
meses de distorsión con el Juliano y había que hacer un ajuste para
todos.
Para que el
Calendario Juliano coincidiera con la entrada de las estaciones solares
se ampliaron de 12 a 15 los meses del año 45 a.C.
Sólo así se pudo corregir el retraso de tres meses que tenía. El año 45 a.C. fue llamado el "Año de la Gran Confusión" por lo largo que fue y porque en realidad pocos sabían con exactitud la fecha. Desde en año siguiente, el 44 a.C., todos los años han sido de 12 meses, pero también con numerosos ajustes como veremos.
Después del asesinato de Julio César, su sucesor Augustus, mandó perfeccionarlo aún más y fue cuando se estableció que el primer mes del año sería enero y el segundo febrero.
Según la historia, Julio César quería que el año nuevo coincidiera con el equinoccio de primavera o con el solsticio de invierno, pero el Senado Romano, que utilizaba tradicionalmente el 1 de Enero como comienzo de su año oficial, se negó e impuso esa fecha como la del comienzo del año. Esa es el origen de que hoy en día nuestro año nuevo comienza en un punto arbitrario de la órbita de la Tierra.
Otro aspecto de este
calendario fue que originalmente Febrero tenía 29 días los años normales
y 30 los bisiestos. Pero al haber sido los meses del antiguo calendario
Quíntilis y Séxtilis renombrados como Julio y Agosto, en honor de Julio
César y César Augusto respectivamente, se decidió que el mes de Agosto
tuviera 31 días en vez de los 30 que originalmente tenía Séxtilis. Para
ello se le quitó un día a Febrero.
Les comentare acerca de una misión espacial muy interesante, que ocurrirá el próximo 4 de julio, me refiero al impacto de la Deep Impact contra el cometa Tempel 1.
El imperio romano se guió por el Calendario
Juliano que entró en vigor el 1° de enero del año 45 a.C., esté corregía
todos los errores que se tenían con el antiguo. El nuevo calendario fue
establecido en todo el Imperio Romano y efectivamente resolvió los
problemas que se tenían; sin embargo Julio César pudo disfrutarlo muy
poco pues fue asesinado apenas al año siguiente de haber entrado en
vigor.
En esos tiempos hubo
una gran confusión, pues para entonces, el calendario romano tenía tres
meses de distorsión con el Juliano y había que hacer un ajuste para
todos.
Para que el
Calendario Juliano coincidiera con la entrada de las estaciones solares
se ampliaron de 12 a 15 los meses del año, en el año 45 a.C. Sólo así se
pudo corregir el retraso de tres meses que tenía.
El año 45 a.C. fue llamado el "Año de la
Gran Confusión" por lo largo que fue y porque en realidad pocos sabían
con exactitud la fecha. Desde en año siguiente, el 44 a.C., todos los
años han sido de 12 meses, pero también con numerosos ajustes como
veremos.
Después del asesinato de Julio César, su
sucesor Augustus, mandó perfeccionarlo aún más y fue cuando se
estableció que el primer mes del año sería enero y el segundo febrero.
Según la historia, Julio César quería que el
año nuevo coincidiera con el equinoccio de primavera o con el solsticio
de invierno, pero el Senado Romano, que utilizaba tradicionalmente el 1
de Enero como comienzo de su año oficial, se negó e impuso esa fecha
como la del comienzo del año. Esa es el origen de que hoy en día nuestro
año nuevo comienza en un punto arbitrario de la órbita de la Tierra.

Otro aspecto de este
calendario fue que originalmente Febrero tenía 29 días los años normales
y 30 los bisiestos. Pero al haber sido los meses del antiguo calendario
Quíntilis y Séxtilis renombrados como Julio y Agosto, en honor de Julio
César y César Augusto respectivamente, se decidió que el mes de Agosto
tuviera 31 días en vez de los 30 que originalmente tenía Séxtilis. Para
ello se le quitó un día a Febrero.
Por el momento suspendemos aquí esta
interesante historia y daremos inicio con lo del Deep Impact.
El 12 de enero del 2005, dentro del programa
de misiones de la NASA, lanzo la sonda espacial Deep Impact (Impacto
profundo) con el objetivo de aumentar la comprensión del Sistema Solar,
por medio del estudio de los cometas. La misión tiene como finalidad
conocer el interior de un cometa, en este caso, del cometa Tempel 1
descubierto en 1887, que tiene un periodo de 5.51 años (es el tiempo que
tarda en darle una vuelta al Sol), con el cual se podrá analizar el
material primigenio del Sistema Solar, por que se sabe que los cometas
se formaron al mismo tiempo que el Sol, hace mil millones de años.
Los objetivos de esta misión son:
Ver la colisión de una
sonda espacial contra un cometa.
Observar como se forma
el cráter del impacto.
Medir la profundidad y
el diámetro del cráter.
Analizar la composición
química del interior del cráter.
Observar la cantidad de
materia que es arrojado al momento del impacto.
Por ultimo, ver cuanto
puede cambiar la trayectoria del cometa después del impacto.
Todos estos resultados se obtendrán en muy
poco tiempo, debido a que la misión concluirá el día 3 de agosto del
presente.
La misión Deep Impact tendrá un costo de 267
millones de dólares, sin contar el costo del lanzamiento, el cual no ha
sido revelado hasta el momento.

El cohete que se utilizo fue un Delta II
(Cohete que se ha utilizado desde los años 60’s), despego desde el
Centro Espacial Kennedy, Florida, Estados Unidos.
Esta misión esta formada por dos elementos,
la nave matriz Flyby con un peso de 691 kg. Y un tamaño de 3.2 m. de
largo por 1.7 de ancho y 2.3 de alto y la Impactor de 372 kg. Con forma
cilíndrica de 1 m. de diámetro.
La Flyby lleva consigo instrumentos de
medición muy sofisticados, de alta, media y baja resolución, como
cámaras fotográficas con diversos filtros y espectrómetros, además de
paneles solares y una antena de recepción y transmisión de datos, que
serán enviados a la Tierra, sobre lo que este registrando la Impactor
durante su vuelo de acercamiento y del momento de la colisión
con el cometa el 4 de julio por la
madrugada.
La velocidad que tendrá que llevar la
Impactor para poder estar en trayectoria de colisión es de 10.2 km/seg
(36,720 km/hr), la energía que liberara la explosión es equivalente a
una bomba de 4.5 toneladas de TNT y se supone que el cráter que dejara
será del tamaño de un campo de fútbol.
Como es un fenómeno único, la NASA a
solicitado a nivel mundial la colaboración de grupos de aficionados a la
astronomía que tengan un equipo mínimo determinado para poderlo observar
y vídeograbar (por el momento habemos 6 grupos integrados a este
proyecto en la Republica Mexicana), para que esta información se analice
junto con la demás recopilada de los grandes telescopios y de la Flyby.
Cuando tengamos alguna información de los
resultados se los haremos llegar.
Hablando del mismo tema de la Deep Impact,
resulta que una astróloga rusa llamada Marina Bai demando a la NASA por
310 millones de dólares, por daños morales, debido a que mandaron a la
Deep Impact a bombardear al Cometa Tempel 1, argumentando que este
bombardeo atenta contra el estado natural del Cosmos y destruye el
balance natural de las fuerzas del Universo. ¿Y ustedes que opinan?
Articulo 10
Para el Senado era muy importante que César
Augusto no se considerara inferior a Julio César por lo que "su mes",
debía de tener la misma cantidad de días que "el mes de Julio César".
Así se responde a la pregunta de por qué
Julio y Agosto tienen 31 días. Otro dato curioso es la nomenclatura del
año bisiesto. El año bisiesto se introdujo en el calendario Juliano, que
añadía un día cada cuatro años a febrero, intercalándolo entre los días
23 y 24. Los romanos llamaban al 23 de febrero, "sexto calendas Martii",
es decir, el sexto día antes de marzo, conocido antes como el primer mes
del año.
Al copiar de los egipcios el ajuste de un
día adicional cada cuatro años, tuvieron que repetir en el último día
del año, un día más. Recordemos que Febrero era el último mes y
repitieron así su día 23, que era el último día. El “sexto calendas”,
por lo que a los años en que se repetía (“bis” en latín) ese día se les
llamó “bis sextilis”, que nos dio finalmente el nombre de “bisiesto”.
Por otro lado el calendario Juliano se siguió
utilizando durante varios siglos, pero en el año 527, el trabajo de
cálculo de un monje llamado Dionisio Exiguo derivó en una concepción muy
distinta de las eras. Anteriormente las fechas se medían a partir de la
fundación de Roma, hacia el siglo VIII a.C., pero el monje dio la pauta
para que ahora las eras se marquen antes y después del nacimiento de
Cristo.
Dionisio el Exiguo, hizo remontar este suceso hacia el año 754 de la
fundación de Roma tras sumar el periodo de reinado de todos los
emperadores romanos conocidos. Sin embrago, ésta fecha no concuerda con
la fecha del evangelio de San Mateo, que sitúa el nacimiento de Jesús
durante el reinado en Judea de Herodes el Grande, muerto en el 750,
desde la fundación de Roma, es decir 4 años antes del cómputo fijado por
Dionisio.

Hay incertidumbre también respecto del censo hecho por el legado Quirino (cita bíblica en Lucas II, 2), que sería el motivo de la llegada de María y José a Belén; Los historiadores señalan un sólo censo realizado entre los años VI a.C. y VI d.C., pero otros investigadores católicos sostiene que San Lucas alude a un censo previo que se elaboró entre el año VIII y VI a.C., durante el viaje a Oriente del mismo Quirino.
Además, se sabe que Dionisio Exiguo también
eludió un año porque para entonces no se conocía el número cero, lo cual
añade otro error más a la fecha del nacimiento de Cristo.
Como quiera que sea, en el año 607 el Papa
Bonifacio IV asumió esta fecha como el nacimiento de Cristo y fijó el
día 25 de marzo, fecha de la Anunciación y por tanto de la Encarnación
del año 753 del calendario Romano. Luego se cambió al 25 de diciembre
para hacerlo coincidir con el calendario Romano, que desde el siglo III
señalaba en este día la celebración del “Día Natal del Sol Invicto”,
continuación de la antigua fiesta de Solsticio. Esta connotación solar
llevaba en sí la celebración del 25 de Diciembre, por eso fue adoptada
por el cristianismo para calificar "luminosamente " la figura de Cristo.
Como se comento el
calendario Juliano aun tenía pequeñas imperfecciones. Al durar
aproximadamente 11 meses y 14 semanas, más que el año trópico, acumulaba
un error de un día cada 128 años.
Para 1477 el equinoccio de primavera se
había adelantado al 12 de marzo y a la Iglesia católica le preocupó este
error porque afectaba a la celebración de la Pascua de Resurrección y a
otras fiestas que dependen de ella. Así el Papa Gregorio XIII nombró una
comisión para revisar el calendario Juliano de forma que la Pascua
continuara coincidiendo en el principio de la primavera. Este ejercicio
terminó en un ajuste de grandes dimensiones que fue aceptado por los
últimos países ya hasta principios del siglo XX, e incluso hay aún
quienes no lo terminan de aceptar completamente.
Luigi Lilio Ghiraldi, un médico de Verona,
diseñó el nuevo sistema, apoyado por Cristóbal Clavius (1537-1612) un
astrónomo y matemático jesuita, fue quien hizo los cómputos que
sirvieron de base; El papa Gregorio XIII abolió el calendario Juliano en
marzo de 1582, estableció el 1 de Enero como principio del nuevo año y
para ajustar los tiempos a la Pascua le acomodó 10 días al mes de
octubre del año siguiente (1583), del viernes 15 paso al jueves 24.
Este ajuste devolvió, el equinoccio vernal
al 21 de marzo, fecha en la que el equinoccio se produjo en el año 325
d.C. en que se había reunido el concilio de Niñea, para acordar celebrar
la Pascua el primer domingo siguiente a la luna llena ocurrida el 21 de
marzo o después de este día.
Una característica importante del
calendario Gregoriano, llamado así por su promulgador, es que el sistema
bisextil difiere del seguido por el calendario Juliano, en el sentido de
que los años que terminan un siglo, no son bisiestos al menos que el
número de centenas sea divisible exactamente por 400; Así, los años 2000
y 2400 serán años bisiestos, pero los años 2100, 2200 y 2300 no lo
serán. En 400 años se producen por tanto, 97 años bisiestos en lugar de
100.
El Calendario Gregoriano acumula un error
de sólo un día en 3 mil 226 años. No sólo por esto, sino porque fue
iniciado por un Papa, es que fue adoptado inmediatamente por todos los
países católicos y la mayoría de los protestantes, aunque ciertamente
algunos se tardaron varios años y hasta siglos.
Inglaterra, por ejemplo, remplazó el
calendario Juliano por el Gregoriano hasta 1752, lo cual generó
confusión de fechas en esa época por el uso simultáneo de ambos
calendarios. Ese país tuvo que hacer un ajuste: el día siguiente al
miércoles 2 de Septiembre de 1752 según el calendario Juliano, fue el
jueves 14 de Septiembre de ese mismo año, según el calendario
Gregoriano. La confusión fue total y aún hoy en día hay fechas que los
historiadores no pueden determinar con certeza.
Una de las consecuencias del cambio de
calendario, es que aunque tanto Cervantes como Shakespeare murieron el
martes 23 de Abril de 1616 en España e Inglaterra, respectivamente, en
el caso de Cervantes se aplicaba ya el calendario Gregoriano, mientras
que en el de Shakespeare la fecha corresponde al calendario Juliano. Así
pues, Shakespeare murió el martes 3 de Mayo de 1616 según el calendario
Gregoriano, por lo que no murió el mismo día que Cervantes.
Rusia, probó ambos calendarios entre 1923 y
1940 y al final en 1940 adoptó oficialmente el calendario Gregoriano.
Fue el último país que se sumó a este cambio.