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ECLIPSE ANULAR 2002. Ada Amalia Carrera Rodríguez. Hola amigos aquí estoy de nuevamente para contarles la historia que aconteció en el eclipse del 10 de Junio del 2002.
Desde principios de año se empezó a comentar que habría un eclipse anular en las costas de Jalisco en un pequeño ejido llamado San Carlos; Que casualmente conoce Salvador, el presidente del grupo astronómico CODAAC. Todos los fines de año Salvador, junto con su papá y su tío van de cacería por este ejido y es justamente ahí en donde pasará al centralidad.
Empezamos ha hacer planes, hacer la ruta, contactar con hoteles y buscar los más bonitos y más baratos, que estuvieran en Vallarta y en Tomatlán un pueblo cercano a San Carlos. Nos contactamos con Lili, amiga y dueña de la agencia de viajes que nos lleva a la Zona del Silencio.
Teníamos dos hoteles: uno en la “Playa de los Muertos” en Puerto Vallarta y otro en Tomatlán, un pueblito cerca de San Carlos. Lili nos hizo ver la incomodidad del cambio de Hotel en dos días, consiguiéndonos un hotel nuevo y muy bonito, en las afueras de Vallarta, rumbo a San Carlos.
Empezaron los correos, las llamadas por teléfono, las charlas con los amigos, el encuentro telefónico de aquellos que eran amigos de la Astronomía, largo tiempo atrás cuando éramos de la Sociedad Astronómica, a los compañeros de distintos viajes amigos que van quedando durante estos hermosos años de Astronomía. “Álvaro hijo, ya complete los 40 lugares del camión, pero todavía no dan anticipo: qué hago ¿me cubro invitando a más personas?” “Alvarito unos me han dicho que pagan el mismo día, claro que son seguros.” “Ada guárdame cinco lugares.” “Nosotros somos pareja y queremos el mismo cuarto.” Y así se siguen anotando hasta tener como 50. Bueno y ahora ¿qué hago? “Llevamos la camioneta Voyager, dice Álvaro, ahí cabemos todos para que alquilar, yo manejo y los amigos también.” Pero siguen inscribiéndose y dándose de baja. Todos los días cambia la lista y el acomodo de los cuartos. Cuanto movimiento, cuantas llamadas, un día conté 25: ¿saben lo que es eso? ¡Mucho tiempo¡ Pero muy bonito, tus amigos te platican y tu los escuchas.
Ya somos 52 y ya no cabemos en la camioneta, por esto alquilaremos la Ichivan del amigo Eduardo. Bueno ni una persona más, pero vuelven haber cambios. “Dame un lugarcito, porque siempre va a ir mi novio” y le dimos el lugarcito y a otro y a otro más y nos pasamos de la Ichivan. Ni modo tenemos que alquilar otro camión. Pero no nos conviene por que son para 40 y nosotros somos 62 y el camión solo irá por mitad. Que malo si van más perdemos, si van los 40 ganamos pero así tiene que ser: los amigos quieren ir.
¡Adita fíjate que quisiera ir pero no me alcanza el dinero ¿qué hago? Amigo no te preocupes, págame un tanto y el resto cuando regresemos, pero no se lo digas a nadie, por que si nos parten, le digo. Pero que buena idea por ahí andan dos o tres amiguitas que les encantaría ir. Les habló para darles crédito para que vayan y claro las convencí, se lo merecen trabajan mucho y deben ir a este maravilloso paseo que tendrá de postre “El eclipse.”
Llegó el día. La salida será a las 20:00, en la noche. Empiezan a llegar desde las 17:00 a dejar sus maletas y se quedan. Ya son las 19:00 y una gran cantidad de compañeros van llegando. Llegaron los camiones, comentan, “¿nos podemos subir a apartar lugar? ¿En cual en el amarillo o en el azul? ¿Cuál será más cómodo? ” “Si, si pueden apartar, pero dejen sus pertenencias aquí hasta que todos hayan llegado.” “¡Señora Ada, señora Ada a que hora saldremos, son las 20:05”, “Amiga tranquilízate, siéntate y disfruta, que el viaje comenzó desde el momento que llegaron a esta casa, faltan varios y no los dejaremos, tenemos que ser tolerante, para todos es un viaje importante, que les ha costado mucho esfuerzo venir y también un sacrificio económico para algunos.”
Entre los dos camiones están parados tres o cuatro señores, que son los choferes. Me acerco a ellos y me presento diciéndoles que mi hijo vendrá en un momento para saldar cuentas. A lo que uno de elles me dice en voz apremiante, a que hora será por que tengo prisa, lo que me pareció fuera de lugar ya que solo se debe una cuarta parte. Álvaro no está ya que al as 19:00 no tenía listas todas sus cosas por exceso de trabajo y además, sus cosas y las de Adriana, su esposa, se quedaron dentro de sus casa ¡y la llave está dentro de la casa! Son 10 para las nueve y me avisan que en el Taxi que venía Marcia se accidento, que por favor la espere.
Las 21:00 y un cachito ya hemos arrancado. Yo voy en el azul, con amigos conocidos y desconocidos. Tomo el micrófono y les doy la bienvenida a esta aventura y les digo que todo será bello si lo queremos, que gocemos el viaje y que seamos felices. ¡Que bien! Tengo el asiento 14 y 15, que me apartó mi nieto Sinuhé, que viene sentando detrás del chofer, que lo vigilará toda la noche y platicará con él en las horas de la madrugada, que suelen ser los más cansados. En el camión amarillo va mi hijo Alvarito y todos mis amigos amiguitos y amiguitas.
Le pregunto al chofer de mi camión, de nombre Arturo, donde nos pararemos a cenar, me indica que a la salida de Atlacamulco, ¡Está cerrado! Pues ni modo será aquí, será allá. Mientras vemos unas películas sobre naves espaciales y de astronomía, cubre la pantalla que esta adelante. Unos duermen, yo callo, por fin no hablo ni me hablan, me doy cuenta que estamos aquí y que vamos viajando al eclipse. Hay muchas historias de eclipses entre nosotros: ¡Te acuerdas que en el 84, en el anular de San Luis, se nos nubló a la hora de la anularidad y ha 500 metros de ahí mi hermano video grabó perfectamente el anillo y nosotros no lo vimos! Se saludan los amigos en el encuentro del restaurante. ¡Hola desde hace cuantos eclipses no nos vemos! Hay abrazos, beso y alegría en sus rostros. “Ada ¿qué ella no es Flor, la esposa de Jorge Rubí? ¡Claro que es¡ Le va a dar mucho gusto verte Javier, por que se acordará, de los últimos días cuando Jorge fungió como presidente del CODAAC (Centro de Observación y Difusión Astronómica A. C.) Ahí está el doctor Juan José Cortés y su hijo Juan, del eclipse de Nayarit y allá el biólogo Jorge Monroy, del eclipse de Argentina 94. Ya cenamos, no me acuerdo que hay que prepararse para dormir. Creo que ponen la película del “Hombre Araña” y me dispongo a acurrucarme entre mis dos espléndidos asientos, no me traje mi almohadita, se quedó en la camioneta, pero Silvia me presta su blanco y mullido suéter. Hay personas paradas, no sé a que, solo los siento.
Puerto Vallarta sale a nuestro encuentro: Calles adoquinadas, grandes hoteles con sus inmensos jardines y con playa propia, se ve que llega el dinero. Vamos por el kilómetro 15 de la carretera a Barra de Navidad, este último trayecto se hace interminable, ya que todos queremos llegar.
¡Lili querida! Un abrazo y un beso cariñoso surgen espontáneos en nuestro encuentro. Personas y bultos empiezan a descender del camión, es como si se desbordará una presa: ¡me asusta! “!Silencio, dice Lili, con voz fuerte, pasen al restaurante para un cóctel de bienvenida que después se les asignarán sus habitaciones!”
El proceso va bien, hasta que yo quiero quedarme con Guadalupe ya nos hicimos buenas amigas en el camión. Cambiamos alegremente la distribución de unos cuartos y ahí comenzó la desorganización, se tardó como una hora el encontrar acomodo por que dos personas no tenían cuarto, eran amigas y no se querían separar.
Segundo Acto.
“Muchachos, sentencio Lili, ustedes son de otro hotel no se pueden quedar aquí, ¡ya no hay lugares! Descontento, descontento. ¿Por qué yo? Si mis compañeros se quedaron aquí, ¿por qué yo que soy el amiguito Lauro, por que yo? Pero las protestas no prosperan. Es así por que así conviene a los intereses del grupo.
Se va Lili a llevarlos, como a la media hora regresa Lili, por que el camión no la trajo de vuelta, al ir a platicar con los choferes se negaron, rotundamente, a ir a recoger a los amigos del otro hotel, por que, según ellos, no estaba estipulado el traerlos de regreso; otro problema, pero al fin se arregló.
El hotel está muy bonito tiene puertas de madera labrada cuadros, macetas y sobre todo el paisaje. Mi cuarto tiene vista al mar, a la alberca, donde, desde que llegamos nadan alegremente, entre gritos y carcajadas de niños y compañeros, dispuestos a aprovechar todos los momentos de libertad que ofrece el viajar.
Las preguntas comienzan: el hotel no tiene playa y queremos ir a alguna. Nos informan que a 10 minutos, en camión o caminando, por la orilla de la carretera, podemos llegar a la “Playa de las Ánimas.” Unos se alistan, otros se quedan a nadar, a deleitarse con el paisaje y a reposar del viaje y otros se han ido a conocer puerto Vallarta. Yo me tengo que quedar para hacer unos paquetes de filtros para ver el Eclipse, que amablemente el dueño del hotel ha acomodado en varios hoteles ¡qué bueno! Por que les platico que tenemos como 40 000, que nos quedaron del eclipse México de 1991 y que Televisa, para ganar televidentes, se dedico a meterles miedo para que no observaran este fenómeno. Ojalá, ahora, vendamos muchos. Álvaro y Sinaí, mi nieto, se han quedado a acompañarme; más tarde iremos a la “Playa del as Ánimas.”
El camión que se supone pasa cada 15 minutos no ha pasado, así es que emprendemos el camino por la orilla de la carretera, donde, el poco tráfico, pasa zumbando peligrosamente, decidimos esperar al camión.
La “Playa de las Ánimas” e una playita chica, mirando al Oeste, sus olas son pequeñas y mansas. Me descalzo y corro al encuentro de la suave caricia, pero la ola me vence haciéndome rodar cómicamente, todos ríen; que rico el estar aquí. Unos juegan, otros brincan las olas, la arena en la playa es de grano grueso, pero al entrar al mar, donde la ola revienta es suave y es más alto haciendo el mar menos profundo.
Floto sobre las aguas dándole gracias a Dios por permitirnos empezar a realizar este sueño. Algunos, en la playa, bajo un techumbre de palma comen los últimos pedacitos de tortillas, ya no hay comida, me dicen cuando me aproximo a ellos ¡tengo hambre! Silvia consigue una tortilla y me la da con salsita; Marcia me trae un pastelito: ¡que lindas! Mientras otro grupo en el que está Álvaro, se van al restaurancito de arriba. Rafael Ángeles empieza a hacer planes para mañana y propone alquilar unas lanchas para irnos a una isla.
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