|
EL VIAJE DE LA VIDA_
Hay historias que merecen ser contadas.
C
Hay viajes de la vida que son históricos y deben ser contados; recordar el pasado es volver a vivirlos.
¡Eso es un viaje! Y yo quiero que me acompañen a viajar a través de
mi existencia; por que en ella esta la aventura de vivir.
Mi nombre es Ada Amelia y desde hace 68 años estoy viajando
por el tiempo y el espacio, he visto realizados muchos sueños, he vivido
muchas vidas (la familia, el hogar, el motociclismo, la natación, la
meditación y mucho más) todo en su momento.
Mi pasión en este instante es la astronomía, porque ella me ha llevado a los confines del Universo, en donde la imaginación no tiene limite.
Abróchense los cinturones para irnos a viajar en la nave del
recuerdo.
Comenzaré como empiezan todas las historias. Había una vez
una jovencita de 14 años que vivía en la Habana, Cuba, tenia sus ojos color
verdosos, su pelo rubio chino peinado en bucles, su
piel suave y de color blanca, con una carita hermosa, su mama era una mujer
cubana guapa de tez blanca, alegre, buena negociante y su papa era español,
blanco, trabajador e inteligente. Un
día don Julio que así se llamaba mi abuelito decidió
regresar con su familia a su tierra natal Madrid, España a probar fortuna.
Alquilo una pensión de dos pisos de un edificio muy bonito que estaba en la
esquina en la calle principal de Madrid, la Gran Vía.
Este lugar lo acondiciono, amueblo y le nombro “Pensión Lux” en donde ofreció cuartos con pensión completa (con los 3 alimentos incluidos) los cuales eran servidos y preparados por mi abuelita que tenia un toque muy especial en la cocina, esto llego a los oídos de los casi 30 marinos de la Armada de México, que habían ido a España a comprar unos Barcos, Cañoneros y Guarda Costas.
Como
en los astilleros todavía no estaban terminados los barcos, los marinos se
hospedaron en la pensión durante varios meses mientras se los entregaban.
Para ese entonces esa jovencita ya había cumplido 15 años y conoció a uno de los marinos que había ido a estudiar la materia “Estado Mayor Presidencial” a la Universidad Naval de Madrid y también era uno de los responsables de la adquisición de los barcos navales.
Ella cubana, el mexicano, se enamoran a primera vista,
decidiendo casarse ahí en España. Me comenta mi mamá que la boda estuvo muy
bonita, tipo cuento de hadas. Ella vestía de blanco con una gran cola, en su
cabeza un velo que cubría una coronita de Azares y en su mano un ramo de
Azucenas. El novio lucia su flamante uniforme de gala negro con charreteras
doradas y sus insignias de Capitán de Corbeta.
La luna de miel fue un recorrido por España, lo que tenia que suceder sucedió y así emprendí mi primer viaje por la vida en el cómodo vientre de mamá.
El 4 de enero de 1936 a las 9:30 de la mañana mis ojos
azules se posaron por primera vez en mis papas. Nací en la casa, cuando a mi
mamá empezó a tener dolores en su pancita, mis abuelitos fueron rápidamente
por el Sr. de la farmacia y el fue quien me recibió en este maravilloso
planeta. Poco tiempo después me bautizaron en una elegante ceremonia.
Mientras tanto en los astilleros de Coruña estaban terminando
los barcos Guarda Costas y los Cañoneros que serian vendidos a la Armada de
México. Los que poco tiempo después zarparon hacia el Nuevo Mundo casi todos
los barcos con excepción del barco Cañonero llamado “Querétaro”, que estaba
todavía en el astillero. Me comenta mi papa que cuando llego a recogerlo, el
barco estaba flamante, pintado de color gris, a los costados portaban
cañones y en el mástil mas grande la bandera de México.
La tripulación del Cañonero estaba compuesta por oficiales y
marineros, los únicos civiles que viajábamos en este barco era mi abuelito y
5 mujeres, contándome a mi. En ese tiempo yo acababa de cumplir los 3 meses
de edad.
Navegamos por el mar Mediterráneo rumbo al Peñón de
Gibraltar, el estrecho que separa a España de África. A mi abuelito le gusta
mucho pasearme por la cubierta y hay veces que me enseña las estrellas.
Llegamos al Océano Atlántico y nos dirigimos a una de las
Islas
de las Azores, en donde desembarcamos unas horas, para luego
continuar mas tarde a las Bermudas, ahí los hombres andaban en bicicleta,
descalzos, vestidos con saco negro, pantalones cortos tipo bermudas y con
bombín.
Unos días después arribamos a la hermosa Isla de Cuba, Llegamos a la
Habana, donde había nacido mi mamá y mi abuelita, ahí estuvimos varios días,
mi papá no se pudo bajar del barco porque tenia muchas ronchitas en la cara
y cuerpo, según lo que dijo el medico de abordo es que había contraído
sarampión.
Se continúo el viaje rumbo al Puerto de Veracruz para dar fin
a mi primer viaje que duró casi un mes de travesía.
En el próximo capitulo les platicare como fue el recibimiento
que tuvimos al llegar a México y muchas aventuras mas, hasta la próxima.
Capitulo 2
Después de una
travesía de casi un mes desde que salimos del puerto de Ferrol España en el
barco de la Armada de México, el Cañonero el Querétaro. Hemos llegado al Puerto
de Veracruz; estoy por cumplir los 4 meses. Ya mis abuelitos y mi mamá están listos para desembarcar y conocer el Nuevo Mundo que será nuestro hogar; mientras tanto mi papá el Teniente de Corbeta Enrique Carrera Alomía se cuadra
ante sus compañeros y superiores con su impecable uniforme en señal de
despedida.
Al
bajar por la escalera a lo lejos una mano nos saluda agitándola fuertemente. Es el tío Pancho que ha venido para llevarnos a la Capital. Un flamante Pacard
color negro con estribos a los lados y una esbelta mujer alada sobre el cofre
guiará nuestro camino hasta la capital; el conductor es mi tío Pancho, el
hermano del difunto esposo de mi tía Eva una de las 3 hermanas de mi papá.
Mi
tío me carga bruscamente, ante el susto de mamá, invitándonos a abordar el coche. Todo el camino vienen hablando del viaje… de lo mucho que se movía el barco al
llegar al Océano Atlántico, de que solo éramos 5 las mujeres y de las novedades
de aquí y allá.
Hemos llegado al D.F. y vamos directamente a la Colonia Roma, a casa de mi abuelita Palomita. Ella es un hermosa viejita de ojos azules, de cabello rubio canoso peinado en una larga trenza enrollada en un chongo, tiene sobre sus hombros una capita café que ella misma tejió, su falda larga y sus medias de popotillos.
Ella me abraza tiernamente besándome repetidamente y a sí soy pasada
de brazo en brazo a mis tías, Blanca y Leonor –“¡Que bonita! Exclaman, tienen
los mismos ojos de Mamavita mi abuelita” -¡Mira! ¡Mira! - ¡Se esta riendo
conmigo! Comenta la tía Blanca, -“¡Cuidado no la levantes tan alto!” Le dicen a
mi papá – “¡No se te vaya a caer!” Y así entre besos y apapachos fuí depositada
en una sabrosa cama, entre 2 almohadas “¡Por si acaso, no se vaya a caer!”
Después la platica versó sobre el viaje, las familias, los gustos, las
alegrías; ¡Había que conocerse!
Llegó la hora de la comida, Mi abuelita había cocinado un rojo queso de bola
holandés relleno de picadillo estilo campechano - yucateco. El queso lo mando mi
tío Luis, el único hermano de papá que vive en Campeche con su familia “¡Dicen
que esta delicioso!” Llegó la hora de irnos a nuestro nuevo hogar, cerquita de
la casa de mi abuelita Palomita.
Ha
pasado el tiempo, debo de tener 4 o 5 años vivimos en otra casa en las calles de
Aguascalientes, es una casita de un piso, tiene una pequeña terracita llena de
flores y macetas, atrás un jardincito donde corre libremente un pato blanco
mientras las palomas esperan a que se les de su maíz, hay un pequeño gallito
blanco que vuela graciosamente para posarse en la cabeza de mamá. Adentro el
gato Tom ronronea mientras mi perro Pinocho brinca de gusto cuando me acerco.
Todas las mañanas mamá me lleva al parque de los patos (que es el que está
enfrente del Centro Medico Siglo XXI) donde sus altas palmeras parecían hechas
de escalones para llegar al cielo. Nos acompañan todos nuestros animalitos y como siempre el gallito en la cabeza de mamá.
Ya
voy a la escuelita y tengo a mis amiguitas, Liliana, una güerita flaquita es mi
mejor amiga. El día de las madres voy a bailar de puntitas con una maestra
vestida como si fuera un rayito de Sol, ¡Que bonito! ¡Que más puedo pedir! ¡Soy
feliz!
Mis
abuelitos Zoila y Julio, lo primero que hicieron al llegar de España a México
fue conseguir un local en el mero centro de la ciudad, en un pasaje que entrabas
por la calle 20 de Noviembre y salías por 5 de Febrero (¡Que pasaje tan largo!),
ahí pusieron su primer restaurante, el Bilbao. Había comida española, paella,
fabada, etc. y por supuesto no podían faltar los moros y cristianos cubanos que
mi abuelita cocinaba.
En
el Zócalo capitalino la majestuosa Catedral tocaba sus campanas mientras mamá me
llevaba a tomar una malteada de plátano en los múltiples puestecitos que estaban
en los portales.
Muy
pronto mis abuelitos tuvieron que buscar un local más grande y lo encontraron en
la calle de Venustiano Carranza # 16. Este local era grandísimo, mi abuelito lo
decoró convirtiéndolo en un lugar de España. Entrabas por un pequeño pasillo que
semejaba un callejón de Sevilla con sus balcones, faroles y flores, el que te
llevaba a una puerta de cristal la que al abrir te conducía a un gran salón decorado con hermosas pinturas españolas, flores y adornos delicadamente
diseñados. En la parte del fondo una espaciosa cantina en donde la plateada caja
registradora repiqueteaba constantemente cuando cobraba
Mi
abuelita diligente con su vestido negro con su pequeño y blanco delantal redondo
entra y sale de la cocina dando órdenes y sirviendo mesas cuando es necesario.
En
el próximo capitulo les contaré de mi viaje a Washington y Nueva York en los
estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Capitulo 3
Año (1941 – 1942)
En
el capítulo pasado les comenté que tengo 5 años, he empezado a ir a la escuela,
y mis abuelitos inauguraron un hermoso y gran restaurante llamado “El Sevilla”,
donde se sirve comida española y cubana.
¿Se acuerdan del tío Pancho? El que nos fue a buscar a mi familia y a mí, cuando yo tenía 3 meses de edad, al Puerto de Veracruz porque llegábamos en barco desde España. Pues, precisamente, él nos llevará en su hermoso carro Packard al balneario de Agua Hedionda en Cuautla, Morelos.
En el auto iba mi tía
Eva con su hija Lidia -una joven guapa que se peinaba con caireles igual que
mamá también iba mi cariñosa tía Blanca, Juan su esposo y mis papás.
Hemos llegado al balneario; aunque esta de moda, ahora ya sé por que se llama Agua Hedionda: ¡Huele feo!, desde que te bajas del carro. Para llegar a las albercas tienes que bajar muchísimas escaleras; abajo hay unos cuartitos donde entramos a quitarnos la ropa para ponernos los trajes de baño.
¡Qué chistosos se ven los hombres con sus trajes de baño a rayas, con tirantes
en los hombros y su gorrita de hule en la cabeza! Las mujeres se ven bonitas,
sobre todo mi mamá. Tío Pancho sale corriendo y se tira de un altísimo
trampolín…, todos le aplaudimos.
P
Las escaleras dentro de la alberca están resbalosísimas por el musgo que crece sobre ellas. “¡Mucho cuidado al bajar, porque te puedes caer!”, dice mi papá; mientras me introduzco dentro de las tibias aguas de la pequeña alberca que está en la cuevita donde brota el manantial de aguas medicinales sulfurosas. Salen un montón de burbujas del agua y todos se meten a tomar pequeños sorbitos de esa agua sulfurosa. ¡Qué fea sabe! Después de un rato, nos vamos a las cascadas que llevan el agua a las grandes albercas. Nos metemos en ellas, aunque yo me pongo a llorar porque el agua de la cascada pega muy fuerte y siento que me ahogo. Ya bajamos a la primera alberca; ésta es muy profunda, pero aquí y es donde los niños se ponen a jugar y me uno a ellos. Mientras mamá me cuida, los demás adultos van a nadar al área donde están los trampolines.
En
la orilla hay una linda vegetación llena de flores y unos altísimos árboles. Es
hora de irnos, ya tenemos hambre y todos estamos rojos como camarones por el
brillante Sol.
Empieza a oscurecer, nos paramos en un lugar cerca de la
carretera, junto a un campo sembrado con árboles de ciruelas. Mi tía Eva coloca
una canasta de mimbre en el cofre del auto. La cesta está cubierta con una
delicada servilleta bordada y de ella saca un delicioso pollo frito, arroz,
huevos cocidos, duraznos en almíbar, etc., y nos ponemos a comer.
De la cajuela, mi tío Pancho saca una botellita de ron Pisa extra añejo;
todos lo degustan con alegría, dicen que es bueno para la digestión.
La oscuridad ha
llegado, sólo una hermosa Luna nos alumbra; cientos de cocuyos surcan el aire
iluminando los matorrales; un burrito se ha acercado a nosotros y todos nos
dirigimos a acariciarlo, el tío Juan saca su sombrero y lo pone entre sus
orejas, mientras que papá va por la linterna para que podamos ver. ¡Oh,
sorpresa, el burrito está lleno de sarna! Emprendemos el regreso riendo y
comentando que poco faltó para que le hubiéramos dado un beso al burro.
Ha pasado el tiempo y ya es 1942, pronto emprenderé mi primer
viaje a la ciudad de Washington, Estados Unidos. A mi papá lo han mandado a
negociar la compra de refacciones para los barcos de la Armada de México -como
recordarán, mi papá es marino-. Él se va primero, para alquilar la casa a donde
iremos a vivir.
Ha llegado el día de partir. Nos iremos en tren hasta San Luis
Missouri, Estados Unidos, donde papá estará esperándonos.
Dentro del tren hay mucha gente que, al igual que nosotros,
acomoda su equipaje. Ya sentada desde mi ventana, veo a mis abuelitos que nos
avientan de besos, mientras mi abuelita saca su pañuelo para limpiarse una
lágrima.
¡Vááámonos! Se escucha. El tren hace su primer movimiento, pero
ya les contaré en el próximo capítulo el viaje y la llegada a Washington.
Que se diviertan y que tengan un feliz día. Nos vemos.
Capitulo
4 Año (1942)
En el capítulo anterior nos encontramos en el tren que nos llevará a San
Luis Missouri, donde nos espera mi papá para llevarnos a la Ciudad de Washington
D.C.
¡Vááámonos! Vuelve a gritar el portero y el tren empieza a deslizarse suavemente por la plateada vía.
Cómodamente sentada veo por la
ventana como un paisaje tras otro van pasando, por allá un pequeño pueblo, un
riachuelo, una montana: mientras pasa el tren un alegre perro ladra moviendo la
cola vigorosamente. Cuando pasamos por alguna estación, el maquinista suena el
silbato del ferrocarril.
Es hora de comer, iremos al carro comedor que esta mas adelante,
un vaivén nos mueve lado a lado mientras pasamos por los estrechos pasillos, y
hay veces que chocamos con las personas, todas sonríen.
Al fin hemos llegado ¡Qué bonitas se ven las mesas con sus flores, platos plateados y servilletas color verde!; los camareros visten con uniforme blanco con azul y botones dorados, una chistosa gorra del mismo color les cubre la cabeza. Me dan el menú, hay sabrosos platillos: Yo pido una milanesa con puré de papa, el plato trae chicharos con mantequilla, además me sirven una copa con agua de naranja.
Mamá esta muy contenta y yo también. Hemos terminado, nos
dirigimos a nuestros asientos riendo y chocando con las paredes.
Empieza a oscurecer y los camareros nos piden que nos levantemos de
nuestros asientos para convertirlos en unas cómodas camas ¡Mamí, mamí! ¡Yo
quiero la de arriba! Y en ella me instalo. Unas gruesas cortinas de tela son
abrochadas para que uno no se caiga por el movimiento.
Las luces de los pueblos van quedando atrás, mientras el interminable
chaca chaca me arrulla hasta quedarme dormida. Al día siguiente, el Sol entra
por la ventana, ha empezado un nuevo día, ya todo es bullicio, las camas se
convierten nuevamente en sillones, aquí no hay regaderas, pero en el salón
tocador nos lavamos y arreglamos para irnos a desayunar.
Al cabo de algunos días llegamos a San Luis Missouri donde papá
nos espera con ansiedad. Un coche verde Oldmovile con placas diplomáticas y un
chofer nos llevará a Washington donde mi papá ha alquilado una casa muy bonita,
parece como las de cuentos de hadas, es blanca de 2 pisos, arriba tiene un
torreón con una pequeña y redonda ventana. Las tejas rojas inclinadas bajan
desde la chimenea. A la entrada hay un jardín con un mullido pasto rodeado de
flores y a cada lado de la casa un gran pino como las que se adorna en la
navidad. La casa esta amueblada elegantemente y de buen gusto, atrás hay una
pequeña calle que le dicen “Alié” por donde nos traen la leche, recogen la
basura y los niños andan en bicicleta y patinan ahí. En el torreón hay vajillas,
manteles, sabanas hasta muñecas que yo tenga con que jugar, están muy bonitas,
son de porcelana, tienen vestidos finos y sus cabellos peinan en caireles; pero
yo prefiero las que me han comprado mis papás.
Mi mamá, mi papá y yo
Me han
llevado a una escuela de monjitas, el St. Ann School, Sister Ann será la
encargada de enseñarme el idioma ingles, ella es dulce y bonita, viste como
monja de negro con blanco y una capucha del mismo color.
A los niños no les entiendo y a los grandes menos, pero dicen que
a mi edad aprendemos rápido. He tenido que repetir el segundo año. En los libros
de texto te muestran a un niño llamado Dick, a su hermana Jane y a un lindo
perrito llamado Spock, un cocker spaniel negro orejón igual a la perrita que
trajimos de México, solo que la mía se llama Tara.
Mis papás me han llevado a conocer muchos lugares, el que más me
gusto fué un parque donde todos los árboles de cerezos estaban floreando con
pequeñas flores color de rosa, las que se reflejan en un tranquilo lago en medio
del parque. El lago después se convierte en un canal que llega hasta donde esta
el alto obelisco en honor
a Washington
. En el lugar hay
niños jugando, personas comiendo y platicando.
Esta agua proviene del río Potomac y en este canal me han dicho
que en invierno se patina cuando se congela.
Ya se acerca el invierno, una mañana al acercarme por la ventana
veo volar pequeños copos de nieve, los que se depositan suavemente haciendo una
blanca alfombra, los pinos doblan sus ramas soportando el peso de la nieve, ¡Que
bonito! ¡Ya quiero salir a jugar!
Ya les platicare como mi papa hace un gran muñeco de nieve y
muchas cosas más.
Hasta la próxima.
Capitulo 5
Año (1943 - 1944)
En el capítulo anterior ya estábamos en Washington. Empieza a hacer
frió, los copos de nieve cubren mi jardín. ¡Ya quiero salir a jugar!
Mamá me pone mis “galaches” (botitas de hule), mis gruesos
pantalones, chamarra, guantes, bufanda, orejeras, y al fin estoy lista para
salir a jugar con la nieve. Hoy es sábado y los niños sacan sus trineos que
deslizan suavemente por las pequeñas bajaditas. Las bolas de nieve surcan el
espacio entre gritos de alegría.
Mi papá esta haciendo un gran muñeco de nieve, con su nariz de
zanahoria y una bufanda roja que le trajo mi mama; ¡Como me estoy divirtiendo!
Mama como siempre es elegante y bonita, ahora trae puesto un
hermoso abrigo de piel -de no se que pobre animalito-, a mi me compraron un
abriguito blanco con su gorrita de piel de conejo.
Me han comprado mis primeros patines de hielo, mañana iremos a donde esta el obelisco a Washington a patinar ya toda el agua esta congelada.
Me esta
costando trabajo patinar, los pies se me doblan para adentro y me caigo a cada
rato, pero ya aprenderé. Ya no hay cerezos en flor, todos los árboles y el pasto
están cubiertos de nieve, parece una tarjeta de navidad.
Mi mamá y yo
Una noche en la madrugada, me levanto y vomito, me duele mucho la
pierna derecha y el estomago, despierto a mis papás; le hablan al doctor, y él
dice que me lleven a revisar al sanatorio. Ya en el sanatorio el doctor les dice
a mis papás que yo tengo apendicitis y que me tienen que operar de emergencia.
Ya estoy en mi cama, pronto me llevaran a la sala de operaciones,
¡Tengo mucho miedo mamá!, ella me aprieta la mano dándome un dulce beso,
diciéndome que no me asuste, que todo saldrá bien. Me llevan en una camilla por
los largos pasillos hasta la puerta donde mi mamá me suelta la mano. Al entrar
veo a varios doctores vestidos de blanco con la cara tapada y uno de ellos me
pone una mascara en la nariz y boca, al tiempo que me pide que me ponga a
contar. -1, 2, 3, 4… y me duermo-. Al día siguiente me despierto y no me puedo
mover, ¡Me duele mi estomaguito!, tengo una agujota en mi brazo por donde entra
un liquido amarillento; la enfermera comenta que ha caído la nevada mas grande
de los últimos años, y me levanta con mucho cuidado para que vea por la ventana;
todos los coches están completamente cubiertos por la nieve, las banquetas y
calles parecen pistas de patinar. Cuando el doctor llega y me comenta que podré
salir a jugar cuando me quiten las puntadas.
Ya estoy en casa, mi perrita brinca y corre de alegría; todavía
tengo que estar acostada unos días más. Días después el doctor habla por
teléfono, diciendo que vendrá por la tarde a quitarme las puntadas; así es que
mi mamá aprovecha para salir a comprar algunos víveres.
Tocan el timbre y Amalia la sirvienta se asoma a ver. –Es el
doctor- me dice, viene a quitarte las puntadas. Pero… ¡Mi mamá no esta!, quiero
que el doctor la espere, pero el me dice que tiene mucha prisa y que tiene que
hacerlo en ese momento. Empieza a quitarme las costuras y empiezo a llorar, y a
gritar que me duele y a decirle que quiero a mi mamá. Cuando dejo de llorar el
doctor me comenta que ya puedo caminar y muy pronto podré salir a jugar en la
nieve.
En unos días será navidad y pronto vendrá Santa Clause, así es
que hemos adornado un frondoso árbol con esferas y foquitos de colores, en la
punta hay un precioso ángel con sus alas abiertas. Mamá dice que los Reyes Magos
vendrán desde México a traerme regalos el 6 de enero.
A mi papá lo han nombrado Atache Naval, tiene que regresar a la
Ciudad de México para arreglar unos asuntos, ya que con este nombramiento
tendremos que quedarnos a vivir en Washington todo el tiempo que dure la Segunda
Guerra Mundial.
Nosotras también regresamos a México por unos días mientras mi
papá arregla sus asuntos y así podremos visitar a mis abuelitos, porque hace
mucho tiempo no los vemos. ¡Ellos están felices de vernos nuevamente!
Ya les platicare que hicimos
mi mamá y yo mientras estuvimos unos días en México antes de regresar nuevamente
a Washington y muchas cosas más. Hasta la próxima.
Capitulo 6
Año (1944)
En el capítulo anterior les comente que mi papá tuvo que regresar a
México a arreglar unos asuntos, porque lo habían nombrado Atache Naval y mi mama
y yo también regresamos para visitar a mis abuelitos.
Mientras estamos en México me han puesto una maestra para que
aprenda bien el idioma Ingles, llamada Aurora Balero. Ella se convirtió en amiga de mi
mamá, Aurora esta en un club de excursionismo de nombre “Club Tenochtitlán” y
nos ha invitado a salir con ellos el próximo domingo.
Estamos en la estación del ferrocarril de Buenavista; ya hay
muchos excursionistas esperando, traen botas altas con muchas agujetas y cargan
una mochila a sus espaldas; nos presentan, todos nos sonríen y algunos bromean
conmigo.
Miembros del Club Tenochtitlán
Ya es hora de salir, el tren a tocado su silbato… pero… ¿Qué
creen?... en ves de entrar al vagón todos van subiendo por una escalerita a el
techo, a mi me levantan desde abajo y me acomodan junto a mi mamá y a un señor
llamado Carlos.
El tren empieza a moverse con un fuerte rechinido de sus ruedas
de fierro. ¿Qué emoción? ¡Desde aquí todo se ve fantástico!, hay momentos que
todos cantan con el fondo del chaca-chaca por el sonido que hacen las vías,
cuentan chistes y todos ríen. ¡Ya viene el túnel!, grita una voz, y todos se
acuestan, sacando sus paliacates con los que cubren boca y nariz; -hemos entrado
al túnel, esta oscuro-, el humo de la locomotora empieza a penetrar, -que feo-,
unos tosen, yo siento que me ahogo mientras estoy acostada en las piernas de
mamá. El suplicio es corto, volvemos a ver la luz del día y respiramos la fresca
brisa. -¡Ya llegamos! Apúrense a bajar, y nuevamente soy colgada de los brazos
desde arriba.
Es un pueblito con su rustica estación, nosotros nos dirigimos hacia una vereda que nos lleva a no se adonde, pero que esta llena de grandes pinos y riachuelos, que hay que pasar brincando sobre las piedras.
¡Cuidado!,
¡Cuidado!, no se vayan a resbalar. Y dicho y hecho, ahí va el primer resbalón,
las botas y los pantalones de Aurora están empapados, todos se carcajean. A mi
me llevan en los hombros a cada ratito para que no me canse. Unas hermosas
cascadas que al acercarnos salpican nuestros cuerpos, será el lugar donde
comeremos y jugaremos un rato.
Todos sentados en un circulo –nos dicen- que tomemos una piedra, y se
empieza a cantan “acitrón de un fandango, sango sango, sabare, sabare de
sarandela con el triki triki tran” las piedras se van pasando y retrocediendo
cuando dicen “triki triki tran”, es divertido, hay castigos si te equivocas.
Es hora de regresar, nuevamente al techo del tren, ya empieza a
meterse el Sol, pronto estaremos alumbrados por una brillante Luna y muchas
estrellitas; los pueblitos han encendido sus luces y van quedando atrás; tengo
sueño y me duermo.
Mi mamá y yo
Nos vemos el jueves en la reunión –dice Aurora- mamá ha quedado
en llevar unos deliciosos chayotes rellenos, que le enseño a hacer mi abuelita
Palomita. Ella les quita con cuidado la espinosa cáscara, machacando el chayote
revolviéndolo con huevo y pan rayado, le pone pasitas, almendras, vainilla y
unas gotitas de vino oporto, nuevamente rellena las cáscaras y las mete al
horno. –Le quedaron riquísimas-
Mi papá ya nombrado oficialmente Atache Naval es designado por la
Secretaria de Marina a trabajar en la Embajada de México en Washington junto con
mi padrino el Comodoro Ignacio García Jurado que era el agregado naval.
Papá mientras nosotras nos encontramos en México, alquila una
casa en la calle de Nebraska, donde viviremos por algunos años, mientras dure la
Segunda Guerra Mundial. Mi padrino tiene una hija que pronto se convertirá en mi
mejor amiga. Elia, mi madrina, también es elegante, ella siempre trae en el
cuello una estola con unos zorros de ojos amarillos y sus orejas bien paradas.
Dicen que ella fue reina del carnaval de Veracruz en donde vivía antes de
casarse con mi padrino. Él es de Campeche como mi papá.
Esto es todo por ahora.
Hasta la próxima
Ya regresamos a
Washington nuevamente, viviremos en esta ocasión en una casa que está en la
calle de Nebraska. Para llegar a ella, tienes que subir por unas escaleras que
tienen a cada lado una mullida loma de pasto, por donde me deslizaré en trineo,
cuando sea invierno y que ahora me sirve para rodarme alegremente con las niñas
que viven cerca de la casa.
Las aceras y los coches están más abajo. A lo largo de la calle los árboles de maple hacen un paisaje maravilloso. Las ardillas corren subiendo y bajando con sus colas enroscadas sobre su lomo, recogiendo bellotas que comerán en invierno. Las hojas de los árboles son de muchos colores. ¡Ya es otoño!, pronto tendremos que ponernos a barrer la alfombra de hojas que cubrirán nuestro jardín, con unos largos tenedores que están en el sótano de la casa junto a la pala de nieve y otras cosas.
He regresado a la escuela de monjitas. ¡Que bueno! Estoy en
cuarto año, no se que paso pero yo nunca curse el tercero. Mi papá me ayuda con
mis tareas; el es muy estricto, me pone nerviosa y algunas veces me hace llorar.
Roosevelt es el presidente de los Estados Unidos, el siempre está
sentado en una silla de ruedas, -Por que tuvo poliomielitis-, dicen que hay una
epidemia de polio y muchos niños de mi edad se han enfermado; a los niños no se
les permite ir a lugares en donde halla mucha gente; me han puesto muchas
vacunas: sarampión, viruela y tifoidea. -Parece que aún no se descubre la vacuna
de la polio-.
Cuando un país está en guerra, tienes que aprender muchas cosas;
cuando las sirenas hacen ¡auuuu!, ¡auuuu!, si estás en la escuela hay que
meterse debajo del pupitre y si aúlla otra vez hay que ir al refugio subterráneo
que está a unas cuadras; todos calladitos y bien formaditos: ¡es emocionante!
Cuando es de noche y la sirena aúlla con un fuerte y lejano
sonido: es el “BLACK OUT”, esto significa que hay que apagar todo y quedarse en
silencio para oír si hay aviones enemigos.
En muchos lugares está la fotografía del “Tío Sam”, un señor de largas barbas blancas, con un sombrero de copa con estrellas y con los colores azules, rojo y blanco, como su bandera. Con su dedo te señalan diciendo: las fuerzas armadas te necesitan, “estamos en guerra”. Se siente el patriotismo, todos los jóvenes se enorgullecen de filiarse, para ir al frente a pelear con los aliados.
Cuando sea grande quiero ser “WAC”, que son las mujeres que van a
la guerra a ayudar a los soldados; en las tiendas venden uniformes azules con
sus gorras y sus insignias; -Mi papá ya me compro uno-.
Mi uniforme de WAC
La comida y la ropa están racionadas. Hay cupones que te dan una
vez por mes. Se intercambian cupones con los amigos y hay algo que se llama el
“Mercado Negro” en donde se obtienen: dulces, chicles, cigarros y cosas que no
conozco.
Cuando vamos al cine pasan muchas noticias de la guerra; mueren muchos soldados y la gente llora.
Siempre hay un intermedio y en la pantalla
esta escrita una canción que todos cantamos, acompañados por un pianista,
algunas veces se presentan cómicos y hay variedad.
Las niñas y jóvenes se alocan, gritan y se desmayan por un
flaquito vestido de marinero de nombre Frank Sinatra, ¡a mi también me gusta
cómo canta!
En el radio y en los salones de fiesta se escucha la música de las grandes bandas, cómo la de Tommy Dorsey, Harry James, Artie Sho y muchas más.
La música que más me gusta es la de Glenn Miller: “Serenata a la Luz de la
Luna”, “Bailando en la Oscuridad”... ellas me transportan, y me imagino que soy Ginger Roger bailando con Fred Asteir.
En las noticias anuncian que Glenn Miller murió en combate,
cuando derribaron su avión los alemanes y nunca lo encontraron.
Ha causado revuelo el nacimiento de las quíntuples Dione, son 5
hermosas niñas, 3 güeritas y 2 de cabello oscuro, ahorita tiene como 6 meses. En
las revistas y periódicos anuncian jabones, muñecas para recortar y vestir y
muchas cosas mas.
Esto es todo por ahora.
Hasta la próxima.
Los niños artistas están de moda como: Shirley Temple, la niña prodigio, con sus hermosos bucles dorados y una linda sonrisa (ella ha trabajado en muchas películas donde actúa muy bonito, es inteligente y creo que tiene como cinco años).
La más bonita de todas las niñas actrices es Elizabeth
Taylor. Ella trabajo con Mickey Rooney en “Fuego de Juventud”, la historia de
una niña y su caballo. ¡La película es preciosa! Le voy a pedir a mi papá
que me compre un caballo, si me porto bien y saco buenas
calificaciones.
Mis papás me llevaron al cine a ver la película del “Mago de Oz”
donde trabajaba otra niña llamada Judy Garland, es divertida, trabaja un
espantapájaros, un león y un hombre de hojalata, también vi la de Bambi de Walt
Disney, la que me hizo llorar cuando murió la mamá de Bambi.
Ya aprendí a irme a la escuela solita en camión ¡Me gusta!, Mamá
va por mi todos los días menos el jueves, por que ella, junto con otras señoras
esposas de diplomáticos, son voluntarias en distintos hospitales. -Mamá trabaja
en la Cruz Roja-.
El jueves es el día de la “libertad”, puedo llegar a casa hasta las
seis. Lo primero que hago al salir de la escuela es irme al Centro Comercial,
que está cerquita, a una tienda llamada Woolworth, ¡Donde vende los sándwiches
de queso derretido más sabrosos del mundo!, también hay malteadas de muchos
sabores, riquísimos pays de manzana con su bola de nieve de vainilla encima, al
terminar mi sabrosa comida, a ver juguetes y mascotas, ahorita no tengo ningún
perrito.
Mis amiguitas de las embajadas
Me subo al
camión que me llevará a la casa y me bajo en cualquier sitio bonito, por
ejemplo: un parque, donde paseo un rato y lo conozco, tomare el siguiente
camión. Rumbo a la casa, hay una lomita por donde pasa un pequeño riachuelo; -Me
bajare un rato, todavía es temprano-, hay muchas flores, mariposas de varios
colores, ardillas saltarinas y detrás de un matorral un conejo comiendo
despreocupadamente las flores color de rosa de los tréboles. Hay niños con sus
papás jugando y gritando, mientras les tiran la pelota.
Respiro el aire fresco, miro las nubes, veo el Sol y una gran felicidad me
envuelve.
Mis papás me llevan a las comidas y reuniones, en todas hay niños, hablan
español, pero chistosito y dicen palabras que yo no he escuchado antes. Son de
distintos países, unos son
hijos de marinos y otros son hijos de civiles que trabajan en las
embajadas, hay niños de 7 y 8 años, como yo y mayorcitos.
Jugamos y correteamos por salones y jardines. Castillo Nájera es el embajador
de México, tiene un hijo como de 12 años que es muy travieso y que como gracia
come carne y pescado crudo, además nos corretea y pellizca.
Un día llegó
mi papá con la noticia de que me habían elegido para representar a México en un
programa especial de navidad, que sería transmitido por todas las estaciones de
radio, el 22 de diciembre, en el Hotel May Flower de Nueva York en donde 46
hijos de Diplomáticos de 35 naciones, dirán su mensaje de navidad a los soldados
que están en el frente de batalla. ¡Qué gran honor! Mi voz sería escuchada por
miles de soldados. En la embajada hay otras niñas, pero me eligieron a mí, una
güerita de ojos azules para representar a México ¡Viva!
Papá escribió el discurso, lo he leído y lo he memorizado inmediatamente,
papá no lo puede creer, haciendo que lo repita varias veces para que le dé buena
entonación.
Mi mamá le mandó a pedir a mi abuelita Zoila, a México un hermosísimo vestido
de china poblana, con su blusita bordada y una gran águila de lentejuelas al
frente de mi falda verde, blanco y rojo.
Que se diviertan y que tengan un feliz día. Nos vemos.
Ya es diciembre
de 1944, en unos días partiré hacia Nueva York, donde diré mi discurso de
navidad a los soldados que están en el frente de batalla.
El viaje en avión fue rápido y emocionante; me sentaron al lado de una
pequeña ventanita, por donde yo veo una gran hélice girar rápidamente; el avión
estaba a punto de despegar, porque corría y corría sobre la larga pista, y de
repente sentí un jalón y las ruedas dejaron de tocar el suelo ¡Bravo! ¡Estamos
volando!
Las casas se ven chiquitas, las vacas en el campo parecen de juguete; cada
vez vamos más alto, ya solo veo los cuadritos verdes de las siembras, las nubes
pasan corriendo cerca de la ventana, las hélices giran tan rápido que no se ven,
a lo lejos una gran nube se asemeja a los algodones que venden en las ferias.
¡Como me gustaría brincar sobre ellas y buscar si hay algún angelito! La
azafata con toda delicadeza pone una mesita ante mí con sándwiches, frutas y
pastelitos.
Que bonito se ve Nueva York con sus grandísimos edificios, la Estatua de la
Libertad nos da la bienvenida con la antorcha en la mano.
El hotel donde estaremos esta en el centro, tiene muchos pisos, desde la
azotea “el Roof Garden” podemos ver el edificio mas alto del mundo, el Empire
State Building, es un gran rascacielos increíble, desde aquí vemos un gran
parque que atraviesa la ciudad llamado “Central Park”.
Nuestro cuarto es elegante, tiene una salita con cuadros y flores de muchos
colores, mis papás tienen su recamara y yo un cuarto con una linda cama.
Tempranito nos hemos ido a conocer el Zoológico, ¡es grande!, lo hemos
recorrido en un trencito, algunos de los animales están como detrás de vitrinas
de vidrio, a causa del invierno, los osos se tiran clavados en una alberca y se
sientan a pedir comida, hay focas, leones y otros animales.
Nos iremos al Museo de Historia Natural, a la entrada esta un inmenso
esqueleto de dinosaurio, hay vitrinas con animales disecados que parecen estar
vivos, rodeados de plantas, árboles, flores y pájaros, pero todo de mentiritas,
¡nunca había visto algo tan real y bonito!
En la noche iremos a la Plaza Rockefeller, donde hay una hermosa fuente, un
grandísimo árbol de navidad lleno de focos de colores, en la calle hay muchos
Santa Clauses con su campanita y una cubeta donde pones dinero para que pueda
dar tantos regalos de navidad a los niños.
¡Que bonito esta mi vestido de China Poblana!, las lentejuelas bordadas al
frente brillan como si tuvieran foquitos dibujando
un águila, Me lo pondo, me cuelgo mi reboso tricolor y mi mama me
coloca sobre mis rubios rizos un gran moño tricolor.
Hemos llegado al Hotel May Flower, el elevador nos llevara al décimo piso.
Mamá viene elegantísima, con un vestido negro entallado, con su peinado hacia
arriba y un discreto sombrero con un pequeño velo; papá como siempre, con su
uniforme negro con relucientes botones dorados con el águila de México y su
gorra blanca con la insignia nacional al frente.
Al llegar nos reciben varias personas amables y sonrientes, que nos preguntan
nuestros nombres, los que anuncian con solemnidad cuando vamos entrando “El
Teniente de Corbeta o Loutenen, Enrique Carrera Alomía, su esposa la señora
Asela Rodríguez de Carrera y representando al país de México, la niña Ada Amelia
Carrera Rodríguez.
Me llevan a una mesa donde hay otros niños vestidos según su país; todavía no
es hora de la transmisión, nos dan instrucciones. De repente nos dicen:
“¡Silencio! ¡Ya va a dar inicio la transmisión! Entra el locutor con voz solemne
y anuncia el evento.
Por el momento es todo, y nos vemos el próximo mes. Que se diviertan y que
tengan un feliz día. Muchas felicidades a todos los papás.
Como les comentaba en el capitulo anterior; entra el locutor con voz solemne y
anuncia el evento. Hay aplausos, poco a poco vamos pasando ante el micrófono,
las cámaras nos deslumbran con flashasos y potentes focos, el sonido de la
cámara de película destaca en el relativo silencio. -¡Ha llegado mi turno!-, me
presentan, y digo el texto que mi papá me escribió, el cual todavía recuerdo -“In
be half of the children of México, I wish all American a Merry Chrismas and very,
very Happy New Year”
(Como representante
de los niños de México, yo les desea a todos los niños americanos una Feliz
Navidad y muy, muy, Feliz Año Nuevo),
"
I know that I have behaved very good, so Santa Clause will give presents.
And I will play all day long in the snow.
I hope very soon, all your daddies will be bach at home”
(Sé que me he portado muy bien, para que Santa Clause, me traiga regalos y pueda
jugar todo el día en la nieve con muchos amigos, espero que sus papás estén de
regreso pronto en casa)
También les deseo a mis abuelitos que están en México una Feliz Navidad y
Prospero Año Nuevo-, todos aplauden, mi mamá no aguanta la emoción y sus ojos se
llenan de lagrimas, así van pasando uno a uno los niños hasta que llegaron a la
niña de Venezuela, (no se que dijo, pero tuvieron que cortar la transmisión,
porque, ella mas bien estaba dando un mensaje político). Mas tarde nos dirigimos
a otro salón, donde nos ofrecieron ricos bocadillos y refrescos, a la gente
grande, copas de vino; todos platican, brindan y ríen.
Los periodistas nos hacen entrevistas y sacan fotografías. El noticiero “EMA”
de México ha grabado todo lo que dije. Pronto mis abuelitos podrán verme en el
cine y estoy segura que al igual que mi mamá lloraran de emoción; por cierto
ellos compraron un radio de onda corta para poder escuchar la transmisión en
vivo.
Al día siguiente, amanece normalmente y a las 9:00 de la mañana empieza el
día a convertirse en noche; todas las oficinas empiezan a encender sus luces,
desde el edificio no se ve el Sol, pero el ha sido tapado por la Luna, se ha
hecho de noche por un rato ¡Viva, viva, he visto mi primer eclipse!
Días después, fuimos a Coney Island, es una playa llena de gente, sombrillas,
niños y perros; para ver el mar y meterse a el, caminas y caminas diciendo
–excuse me,
excuse me-,
por fin llegas, tocas el agua y esta helada, pero aun así, entro a jugar con las
olas. Aquí mismo esta la montaña rusa mas alta del mundo, ¡Me gustaría subirme!,
pero no me dejan, porque dicen que aun estoy chiquita.
Estamos de regreso en Washington, ya casi es navidad, todo esta nevado, ¡Que
bonito!; yo me deslizo con mi trineo en las lomitas que están junto a las
escaleras de la entrada de la casa. Me han llevado varias veces a patinar en
hielo, he aprendido a dar
vueltas, sin caerme tanto.
¡Que lindas muñecas me trajo Santa Clause!, una de ellas es delgadita, lleva
puesto un hermoso traje de novia con su velo y todo, otra es una bebe, su carita
esta suavecita como si fuera de carne de verdad; -¡Que feliz estoy!- también me
trajeron una perrita negra de orejas paradas, cara cuadrada con unas largas
barbas, de la raza schnauzer miniatura, papá dice que es fina; es juguetona, muy
limpia, siempre sale al jardín a hacer pipi; la llamamos Micky.
Una noche llego mi mamá muy contenta porque mi papá la llevo al teatro a ver
una variedad en donde un señor adivinaba. Las personas que querían hacer alguna
pregunta depositaban en una canastita alguna pertenencia y el adivino sin
siquiera preguntarles les decía lo que querían saber, mi mama puso su anillo de
bodas y el adivino lo tomo en sus manos diciendo por supuesto en ingles; -la
dueña de este anillo podrá tener otro hijo y al termino de la guerra se ira de
Washington con un bebe en brazos-; mi mamá se puso feliz al escuchar esto,
porque la cigüeña varias veces ha querido llegar y no ha llegado; yo ya tengo 8
años y quiero tener un hermanito con quien jugar.
Mamá se ve graciosa con su panzota, ya que me dijo que mi hermanito esta
creciendo allá dentro, algunas veces siento como da pataditas.
Es todo por el momento, nos vemos en el próximo Noti Ropsa, que tengan un
magnifico día.
El otro día fuimos a Rock Creek, un parque natural con muchos pinos, arroyos y
pequeñas cascadas, en donde mi mamá y yo metimos los pies en las heladas aguas;
aquí hay muchos pájaros, los mas bonitos son unos pájaros llamados Blue Bird,
que tienen unas plumas de color azul intenso, otros hacen agujeros con sus picos
en los árboles, tienen la cabeza roja y hacen ruido al ir taladrando el árbol
para hacer su nido, aquí se les llama “Mucking Bird”, -yo los conozco como
Pájaro Carpintero-, las ardillas se me acercan a la mano para tomar unos
cacahuates que hemos traído.
Pronto será el día del nacimiento de mi hermanito, ya mi mamá tiene su cuna
en color azul con tules y moños, hay suetercitos y unos diminutos zapatitos
tejidos por ella y muchos, muchos pañales.
Hoy es 9 de septiembre de
Al día siguiente, me llevaron al sanatorio y como la ventana del cuarto de
mamá daba al jardín, fue por ahí que me enseñaron a mi hermanito recién nacido,
-¡lo veo feito!-, pero todos felicitan a papá y mamá.
Mi hermano Kiquito ya esta en la casa, no me cae muy bien, porque es muy
llorón y quiere que “Mi mamá” le de pecho todo el día. Mi abuelita quiere darle
chupón, pero aquí en los estados Unidos no se usa y no lo han encontrado. ¡Como
ensucia pañales!, primero le ponen uno de manta de cielo, luego uno de franela y
luego le amarran un faldoncito y lo envuelven en unas mantitas como taquito,
-pues todo eso se moja a cada ratito-; lo bueno es que hay un servicio llamado “Daipers”
que consiste en que todos los días pasa a recoger los pañales sucios y te los
cambian por limpios y perfumados.
¡Me
encanta ayudar a bañar a mi hermanito!, mueve sus piernitas y chapotea el agua,
ya se esta poniendo bonito.
La guerra continua, se comenta que los Alemanes desarrollaron un
cohete o un avión llamado el “B2” y que esta dirigido, uno a Nueva York y otro
aquí a Washington, toda la gente esta muy nerviosa. Mi madrina Elia dice que
prefiere suicidarse antes de ser atrapada en la guerra. Algunas personas se han
matado por la crisis nerviosa que han tenido.
En los noticieros sale Mussolini de Italia con sus pesadas botas
y unos grandes cascos, marchando con aires de triunfo, mientras va arrasando
ciudades de Europa y matando a mucha gente; le dicen “fascistas”, -¡pero yo no
se que es eso!-, otro malo, es un señor apellidado Hirohito que es de Japón, el
hace que sus valientes pilotos de
Aquí los “Black Out” continúan (si recuerdan, es cuando las
sirenas suenan durante la noche indicando amenaza de bombardeo y tenemos que
apagar todas las luces de las casas y no hacer ningún ruido), cada vez son mas
seguidos. Empiezan a escasear los víveres, porque todo se lo mandan a los
soldados que están al frente de combate; mi mamá me comenta que todo el mundo
esta en guerra, ella me platico porque México en 1943 entro a la guerra, con los
aviadores de Escuadrón 201 de
Resulta que mi papá se iba a ir de comandante en jefe del barco
petrolero llamado “Faja de Oro”, pero días antes de partir le dio un fuerte
dolor de oídos que lo tuvo encamado y no hubo tiempo de arreglar los papeles de
su seguro de vida, y
le pidió a un compañero que se embarcara en su lugar. Días después, viajando en
un camión, mis papás en
Nos vemos en el próximo Noti-Ropsa.
Francia esta devastada y sigue la lucha por Normandia.
No se que paso, pero hubo una guerra civil en Italia y cayó
Mussolini, dicen que la mafia se apodero de Italia.
Los alemanes están acabando con Europa y con todos los judíos.
¡Heil Hitler! –Dicen los jóvenes y niños- levantando el brazo derecho para
saludar al Füerer y a todos los que van a la guerra.
Mis papás siguen yendo a las reuniones de los embajadores, pero
ya no es lo mismo, solo hablan de la guerra y de los muertos.
Mi hermanito esta creciendo, ya lo veo mas bonito; ¡pero!...
todavía se hace pipi y ensucia todo; el ya me agarra con sus manitas, me jala el
cabello y se sonríe.
Mi perrita Mickey también tuvo perritos, son 4 juguetones y
traviesos, ya corren por el jardín y apenas tienen un mes y medio de nacidos. Un
día mi mamá puso a Kiquito sentadito en el pasto y todos
los perritos fueron a lamerlo, -a mi mamá por poco le da el soponcio, porque
todo lo del bebe se lo hierven-. Mis abuelitos han regresado a México, ya los
extraño mucho.
¡Bravo! ¡Casi se ha terminado la guerra!, los alemanes se han
rendido; Hitler parece que se suicido. Se han encontrado grandes campos de
concentración a donde los alemanes tenían encerrados a los judíos. Hombres,
mujeres y niños eran llevados a las cámaras de gases para que murieran, porque
decían que eran de una raza inferior y no deberían vivir, a otros los utilizaban
para realizar experimentos o para hacer jabón. ¡Que feo!, ¿no? Y ¿Qué les habrán
hecho a todos los perritos y animalitos de los judíos?
Hay mucha alegría en las calles, hay fiestas y celebraciones.
Los soldados empiezan a regresar, pero… en Japón la guerra continúa.
A mi papá le han ordenado regresar a México; ha
terminado su trabajo de Ataché Naval, con esta noticia mi mamá empieza a
empacar todo en cajas, -hasta el refrigerador nos llevaremos-. Nos
iremos en 2 coches, un Oldmovil 1941, que lo manejara mi mamá y en un
Buick convertible 1942, que lo llevara el chofer marinero Galeana. Papá
se quedara todavía un tiempo más hasta que se rinda Japón.
Mi padrino, el Comodoro García Jurado y mi
madrina Elia han organizado en
Mi hermanito y otros bebes son cuidados en un
cuarto especial que les dicen “Nursery”, las nanitas están con delantal
y sus caras tapadas.
Ya se han levantado de la mesa después de muchos
brindis y buenos deseos, se han dirigido a una salita a tomar café.
Viendo la oportunidad decidimos que ya es hora de “atacar” las mesas de
los adultos, para irnos a tomar los restos del vino de las copas y de
las botellas que han dejado. Socorrito, la hija de mi madrina, dice que
el vino sabe feo, pero a mi me encanta y todas brindamos; ¡que
fantástico se siente!, todo se me mueve, tengo que caminar despacito
porque me voy de lado, todos nos reímos y correteamos; ¡Bravo! Hemos
encontrado una mesa con una botella de tequila, unos limones y un
salero, -les hacemos como en las películas-, nos ponemos la sal en la
mano y unas gotitas de limón, tomamos de un trago el vasito, y para
adentro -¡fuchi, que feo sabe!- se te quema la garganta y la pancita,
-me siento muy mal y mis amiguitas también-. ¡Tengo ganas de vomitar!,
tenemos que salir corriendo al jardín a vomitar, -ya no me gusta lo que
siento, no volveré a tomar tequila-, Socorrito ha ido de chismosa a
contarle a su mamá lo que esta pasando; llegan los papás y nos ven.
|