México, D.F. a diciembre de 1999
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El día 15 de noviembre de
Son las tres de la mañana.
Vamos treinta personas viajando dentro de un oscuro autobús rumbo a
En esta expedición vienen aficionados a la
astronomía, estudiosos de la arqueo astronomía, biólogos, geógrafos,
jóvenes y personas, que como yo, de más de 60 años. Distintas
personalidades pero con los mismos objetivos: vivir el desierto con sus
misterios y observar esta lluvia de estrellas tan espectacular que
ocurre cada treinta y tres años, cuando
En un boletín de
Hace 20 o 25 años me entere de
El Ing. Harry de
El año pasado (1998) con unos
buenos amigos tuve la fortuna de conocer
Son
las cinco de la tarde, estamos entrando a Gómez Palacio, Durango. Lilí,
guía de esta expedición nos está esperando en un Jeep de los Ángeles
Verdes. Le notificamos de nuestra llegada por teléfono, pues hemos
llegado al lugar de reunión con cinco horas de retraso por diferentes
circunstancias. “Hay que bajar todo y pasarlo a otro camión, porque en
este camión no podríamos pasar por las veredas y vados que recorreremos
por el desierto” dice Lilí. Bultos y bultos se amontonan uno junto a
otro, casas de campaña, sleepings bags, telescopios, una bicicleta de
montaña, hasta un catre para la amiga que no puede dormir en el suelo.
El camión es más chico, parece que no vamos a caber.
Nos dirigimos a Ceballos donde
comeremos nuestros alimentos. Lilí nos comenta que hace unos años cayó
un meteorito cerca de Parral, Chihuahua, que contenía Silicato de
Magnesio (material primigenio).
Es el atardecer cuando vemos un letrero que
dice “Zona del Silencio”, es la entrada, para llegar al campamento
haremos como una hora y media a dos, por brechas y vados. Lilí pide, en
voz alta y con reverencia, permiso para entrar al desierto, deseando que
nuestra estancia esté protegida por los espíritus del lugar.
El desierto está ante nosotros, con su
escasa vegetación. Predomina
Hemos llegado al campamento, las casitas de
campaña, en círculo se ven bonitas y acogedoras, un telescopio Polarex
de
En el comedor hay una mesa con verduras
cortadas en tiritas, huevos, lechugas, aderezos, etc. Al fondo dos
parrillas fabricadas dentro de grandes botes asan la deliciosa carne que
nos envuelve con su olor, también hay papas en papel plateado, chilacas
rellenas de queso y muchas otras delicias nunca antes imaginadas en el
desierto. La cena transcurre entre risas y plática, nadie esta cansado.
Empezamos a observar, unos se acuestan en
unas colchonetas que han sido dispuestas para nosotros, Eduardo coloca
su telescopio y empieza a explicar como funciona y cuáles son sus
movimientos. Estamos observando la nebulosa de Orión a través de su
telescopio, se le ve rodeada por una nube obscura y, en medio, unos
diminutos soles, que componen el Trapecio. Eduardo nos explica que ahí,
en esa nebulosa, nació nuestro Sol, que esto ya ha sido comprobado por
medio de la computadora, así es que somos oriónidos: ¿que les parece?...
Observamos Saturno, con sus maravillosos
anillos y nos pasamos a mirar a uno y otro telescopio donde cada una de
las imágenes nos maravillan, allá un cúmulo, por acá una galaxia y la
noche transcurre en espera que se meta
Son las 10 de la mañana, ya todos están
despiertos y listos para desayunar, los baños y “la regadera”, están a
unos 50 o
Abordamos el camión rumbo a la zona de micro
meteoritos y cuatro intrépidos ciclistas se adelantan, Lilí nos explica
que existe una gran precipitación de meteoritos y entre ellos el famoso
“Meteorito de Allende” que cayo en 1964 cuya composición es de magnesio
26, producto de la desintegración del aluminio 26, el cual no existe en
nuestro sistema solar y tardará aproximadamente 13 mil millones de años
en desintegrarse. Pero realmente nada se sabe con certeza sobre si son
meteoritos o tectitas, los que se encuentran diseminados en una área de
3 kms., estos son fragmentos de roca con apariencia metálica color
grisáceo y metálico oxidado, algunos no tan pesados para ser meteoritos.
Nos hemos bajado a caminar. Nos alejamos del camión. Cada quien, con la
espalda encorvada mirando al suelo, emprende su camino, buscando los
valiosos meteoros, las bolsas de plástico que nos dieron en el
campamento se empiezan a llenar, Alvaro y Cruz se suben al techo del
camión seguidos por los aventureros que toman su lugar entre tumbos y
brincos.
¡Que bonitos paisajes! El cielo tiene un
azul intenso sobre el que destaca los riscos de tierra arenisca,
invitándonos a fotografiarlos.
El suelo del desierto también tiene su
encanto, aquí el suelo esta completamente lleno de fragmento de rocas de
distintos colores y tamaños, y más adelante la arena se desliza sin
tropiezo.
Llegamos a donde está el banco de fósiles
marinos que datan de
Son las cinco de la tarde. Hemos regresado
al campamento y volteando a ver el atardecer nos dimos cuenta que se
había formado una serie de Glorias que iban del Este al Oeste formando
un espectáculo maravilloso en forma de abanico. Pollo asado en las
brazas y otros manjares están sobre la mesa. Después de la comida-cena,
unos se disponen a descansar un rato, otros colocan cuidadosamente sus
cámaras con las que fotografiarán las distintas partes de la bóveda
celeste, intentando captar las estrellas fugaces. Rafael Ángeles trajo
cinco cámaras, cada una con distinto tipo de rollo: transparencia, papel
sensibilizado, etc.
No hay silencio. El silencio ha sido
interrumpido por las constantes risas de alegría que se escuchan, “¡allá
va una!” Todos voltean a diferentes lados: “especifica, dinos por
dónde”. “Entre Orión y Tauro, allá va... ahora por
Subimos al cerro del Capitán donde esta el
observatorio vemos como poco a poco van desapareciendo las
constelaciones bajo el horizonte Oeste. Ya no está Orión, Sirio sé esta
poniendo y los primeros rayos del Sol penetran nuestras pupilas. Hay que
descansar. La función de hoy ha terminado. Debemos haber contabilizado
unos
Dentro de la fauna existen una serie de
mutaciones como la que presenta la tortuga gigante, única en su especie,
en cuyo caparazón aparecen figuras hexagonales y a veces triangulares,
en vez de octogonales. Estas tortugas habitan el lugar desde hace
millones de años y eran marinas, cuando este era el mar de Tetis, pero
ahora son terrestres. Aunque sus patas tienen forma de aletas ya se les
han desarrollado uñas y sus ojos son de color amarillo, para protegerse
de los fuertes rayos del sol.
Salimos a ver las tortugas, que caminan
despreocupadamente, estas fueron decomisadas a unos comerciantes, una de
ellas tiene un gran hueco en el caparazón; están acostumbradas a la
presencia del hombre, ellas sacan sus cabezas mirándonos con simpatía;
toco sus uñas: son de carey. Sus patas tienen escamas como las
serpientes, las retratamos y acariciamos. Nos enseñan, también, unos
pequeños y esquivos puerco espines. La pareja que trajeron del desierto
ya tuvieron crías y piensan integrarlas, poco a poco, a la naturaleza
del lugar. Nos comentan que en esta zona hay tanto magnetismo, que
algunas brújulas se vuelven locas y que las pila se descargan, algo que
experimente, ya que en la cámara de vídeo traía una pila nueva, con
duración de dos horas y media y se descargo a los 45 minutos de
funcionamiento.
Nuevamente vamos viajando en el techo del
camión iremos a donde cayó, en 1970, la cohete "Agena", nave de
observación norteamericana, que iba de descender en White Sands, Texas y
que “curiosamente” se desvío
Las
patas de un coyote o zorra se ven por allá. Lagartijas y Camaleones,
color arena, corren rápidamente o se inmovilizan para perderse en la
arena. Recojo unas cascaritas que pueden ser huevo de pájaro o de
serpiente. “¡Vámonos! Que nos falta la cueva”, dice Lilí y nuevamente
emprendemos el camino.
Unos sacan fotografías de las paredes donde
se encuentran dibujadas rayas, algunos soles y figuras difíciles de
explicar, todo en rojo.
No tenemos idea de su significado
pero sabemos
que alguna cultura
apache dejaron su testimonio.
También hay dos
escrito que se leen así: “Aquí estuvieron 100 hombres, una firma y
fechada con
Esta será nuestra tercera noche de
observación. Yo estoy cansada, dormiré un rato.
Me ha despertado la voz de un
tenor cantando “O sole mío”. Los amigos están sentados alrededor de la
fogata escuchando al dueto que han formado Amanda y el doctor del
campamento. La noche está algo fría y
Partimos rumbo al pueblo de Ceballos, pasado
por pequeñísimos ejidos donde hay una o dos casas, vemos algunos
caballos. A lo lejos hay una pequeña laguna donde descansan algunos
patos. En lo alto dos parvadas de patos con su clásica formación en V
nos acompañan. Una desvencijada reja tiene por inquilinos a tres
hermosos cuervos negros, que nos dan la despedida. Llegamos ha Ceballos
y nos dirigimos hacía el desierto de Chihuahua donde iremos a un pequeño
manantial de aguas termales. La aventura aún no ha terminado. Lilí nunca
ha ido a este lugar, así es que va preguntando en el camino. Desde que
salimos del campamento llevamos como tres horas de viaje y al fin
llegamos al manantial.
Un altísimo cerro con su clásico color arena
y muy poca vegetación es el marco para dos cristalinas albercas de agua
calientita. Los trajes de baño empiezan a salir de las maletas. Unos se
van a la pequeña cueva donde sale el borbotón hirviente de agua. Solo
caben cuatro o seis personas, para remojarse y quitarse la tierra del
desierto que se ha ido acumulando. “Esta calientísima, casi no la
soporto”, digo yo a los compañeros que flotan casi sentados en el suelo.
¡Que delicia! No quisiéramos salirnos pero ya es el turno de otros
amigos. Que imponente se ve la montaña junto a nosotros. En las albercas
se ven el chapotear de los pies a través de las transparentes aguas.
Todos ríen, todos comentan. ¡Que maravilloso es todo esto! ¡Nadar en el
desierto!
Todo listo para el regreso. Iremos,
nuevamente a Ceballos, a comer a un típico restaurancito, en donde
comimos las ricas burritas a la llegada. Poco antes de llegar al
restaurante unos compañeros se bajan a comprar unas botellas de Sotol
(bebida típica de la región) para llevarles a sus amigos de México ya
que, las que compraron de ida al desierto, fueron sabrosamente
degustadas en el frío de la madrugada.
Entro al restaurante y digo: ¡Si quieren ver
algo... acompáñenme! Y todos salen apresuradamente, dejando al
restaurante vacío. “¡Ahí, ahí!” señalaban los que se encontraban
observando en el callejón todos miraban al cielo, algunos decían, “¡Si
Ahí está, ya lo veo!”, otros callaban y buscaban sin encontrarlo.
Alguien veía por los binoculares. Había gran expectación cuando de
pronto una gran nube de humo color café rojizo espeso salió de la parte
de atrás del restaurante, tapando completamente el cielo. Los que ya lo
habían visto salieron corriendo por el arenoso callejón de tras del humo
para seguirlo mirando, y los que no se movieron del lugar no vieron
nada.
Antes de entrar al restaurante Rafael
Ángeles (¡tenía que ser él!) dijo: “debe ser un aeroplano fumigador”,
¿fumigando el desierto y a esa altura? ¡Miren, yo no sé que vimos, pero
un Ovni es un Objeto Volador No Identificado y eso es exactamente lo que
vimos!
Por cierto Guillermo y María
Luisa, los del Sotol, llegaban en ese momento y al ver el humo y que
todos salían del restaurante, pensaron que se estaba quemando.
Ya de regreso a Gómez Palacio de repente
alguien de los mismos compañeros grita que acaba de ver como se caía un
sleeping bag del toldo del camión, e inmediatamente nos detenemos para
recogerlo y amarrar nuevamente la lona que detiene el equipaje, el que
cuando nos detuvimos en el manantial algunos movieron sus maletas para
sacar sus trajes de baño dejando suelta la lona, se sube el chofer y
Alvaro para amarrarla y dejan olvidado a Alvaro en el techo y se
arrancan, dando lugar a que mi hijo les toque el techo para que se
detengan y pueda meterse al camión.
Estamos en Gómez Palacio, Durango, nos
despedimos de Lilí con mucho cariño, agradeciéndole nos haya compartido
ese desierto que tanto quiere y del que muchos nos hemos enamorado,
diciéndole que regresaremos el próximo año.
Hay que acomodarse bien y muy
arropados en el camión. El trayecto es largo y el ajetreo debe hacer que
el sueño nos acompañe. Hicimos dos paradas durante el trayecto para
llegar a México a las 4:00 P.M. del Sábado 20 de Noviembre de 1999. La aventura ha terminado ahora tenemos nuevos amigos, vivimos hermosas experiencias, reímos mucho, comimos mucho, contamos como 300 estrellas fugases, conocimos algunos secretos del desierto, oímos cantar y de postre vimos dos ovnis, ¿que más se puede pedir?
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