Reto México 2009

Mexicanos imponemos
Récord Guinness
al observar la Luna
con la mayor cantidad de telescopios, mirando al mismo tiempo.
Nuestra sede en Cozumel
el sábado 24 de octubre rompe el récord local
y contribuye al
récord Guinness Mundial
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Anoche los organizadores habían contabilizado
85
participantes en playa Mezcalitos en la isla de Cozumel
Poco después de las nueve de la noche,
la juez Guinness anunció a un emocionado y expectante público
el
establecimiento de la marca que quedará inscrita en los registros
Guinness.
“Se cumplió con los requisitos que
requería para establecer el Récord Guinness para México
un
total de 1042 telescopios ”.
La lluvia en la
República Mexicana del pasado 24 de octubre impidió a muchas personas
sumarse al Reto México 2009,
A pesar de que se consiguió el récord, los organizadores anunciaron
que se volverá a intentar la hazaña el próximo 20 de febrero de 2010.
HISTORIA
Para ello los organizadores, en 27 estados de México y con el
apoyo de 41 sedes participantes, establecieron y fijaron el objetivo de
reunir por lo menos a nivel nacional, cerca de 6 mil telescopios.
Para tal fin en todas las
sedes se han preparado una serie de eventos con los cuales se cerraran
los festejos en México del año internacional de la astronomía que
conmemora los 400 años de la invención del telescopio astronómico por
parte de Galileo Galilei, así como del descubrimiento de las leyes de la
mecánica celeste, realizado por el astrónomo Johannes Kepler.
En diferentes plazas de diferentes estados de
la república
han organizado además una serie de eventos alrededor del Record Guinness
tales como bailables, talleres de telescopios, conferencias y hasta
conciertos de música espacial, que iniciarán en algunos casos desde las
tres de la tarde.
En los últimos días entre muchas personas, se ha despertado un gran interés
por comprar un telescopio, como no se había visto desde hace más 30
años, cuando el cometa Kohutek fue visible, lo que demuestra, a decir de
los organizadores un gran interés del público en general por entender y
observar el cielo nocturno, así como el de conocer las maravillas
cósmicas que nos rodean.
La población
de Cozumel, el comité organizador el Gobierno Municipal, el Hotel Coral
Princess y Astronomía Educativa DF participemos en el evento ''Una Isla en la luna''
, con la colaboración de Hotel Casa Mexicana y el Hotel Casa del
Mar.
CRONICA
Por Ing. Joaquín Hernández Morales
Y rompimos un récord.
La Luna y siempre la Luna.
Jueves 22 de octubre del 2009.
A
las 9:30 salimos de la casa y en transporte público y luego al
metro. La verdad que la ruta que toma ese camión es muy buena, pues
sale por atrás de Ecatepec. Atrás del Comercial las Américas y
luego el Circuito Mexiquense. Es un camino largo de unos 7
kilómetros de recta, a la derecha casa y a la izquierda el
despoblado de Sosa Texcoco, Atenco y lo que queda del lago de
Texcoco. Ver los aviones que salen o llegan. Muy bien.
Al metro. En la estación Oceanía hay que transbordar. Un ruidero que
la verdad rompe tímpanos.
Judith y yo llegamos al aeropuerto y buscamos el mostrador de
Interjet. Ya estaban los amigos. Adriana, Georgina, Rafa, Maru,
Silvia, Luis Miguel, Edgar, José Luis, Adita, Ricardo,… Las broncas
para documentar.
Lo bueno es que los telescopios ya los había enviado Raba por
mudanza a Cozumel.
Las tristemente famosas revisiones del aeropuerto. ¿Mal necesario? O
simplemente mal. Pero hay que pasarlo.
La llegada a Cancún. Ya huele a mar.
Pero nos esperan unas camionetas a Playa del Carmen. De ahí al ferry
y a Cozumel.
Gracias a Alvarito nos dieron un buen hotel. Vista al mar. Sin
playa. Ya que tenemos un muro y a bucear o a usar el snorquel.
Para esto llegamos a Cozumel a las 18:00, en tiempo pero bien
cansados. No habíamos comido. Y todavía teníamos que ir al Museo de
la Isla al acto protocolario de llegada. Pero, para variar y no
perder la costumbre, llegamos tarde y no nos dejaron entrar. Ni
modos, al restaurante donde era la cena de bienvenida. ¡Y qué
bienvenida! La mayoría ya estaba entrándole a unos rollitos de
tortilla de maíz cortados en tiras pequeñas y “amarados” con jamón
serrano. Unas bolitas de camarón empanizados, acompañados de una
salsa parecida a mil islas, pero más sabrosa. Vino espumoso,
limonada y un ambiente padrísimo. A la anfitriona, la señora
Cecilia, le regalamos un librito de pocas turcas, les quiero hablar
de él pero la verdad deseo olvidarlo: ¡no lo podría tener! O la
envidia, aun que sana, ciega al que la tiene. Ojalá disfrute ese
regalazo.
Bueno, lo último que recuerdo de ese día es que me acosté, con el
pantalón y la camisa que llevaba puesta y me apagué.
El viernes
23 me desperté con la ropa puesta, ya era de día. Y con unas ganas
de nadar y snorquelear. Pero no se puede ya que a las 11:00 tengo
que dar una plática en la Zona Naval. ¡Qué aventura! El Capitán, que
nos llevaba de acá para allá, estaba al punto de la neurosis. No
aparecía Arturo, quien, al igual que yo, íbamos a dar plática en la
Base Naval. Pasar por los demás que iban a dar su plática en el
ayuntamiento y en otra escuela. Pero que se las cancelan. El Capitán
comentaba que le dijéramos si veíamos a Arturo. No lo veíamos. Pero
si permitió algunas bromas. Señala a una señora. Pero no era Arturo,
estaba chaparra pero no tenía barba, así que no era Arturo. Nos
vamos a la zona naval y ya estaba exponiendo Arturo. ¡Qué bueno que
se movió! El llegó a tiempo. Nos dejó a Judith y a mí, en la base.
El se siguió con los demás.
Al terminar Arturo empecé con “La Luna y las mareas”. Era de una
hora, me seguí por media hora más. Son navales, disciplina ante
todo, pero que personas tan educadas, hubo interés por lo que les
decía.
El Capitán
regresó por nosotros y venía más tranquilo. De camino al hotel nos
contó cosas de Cozumel. La gente es de cultura yucateca. Que cuando
se cierran no hay poder humano que los saque de ahí. Cuando dicen “na”
ya no hay nada más que hacer. Y que jamás decirle a un yucateco
campechano, por que te andan matando, es peor que tonto.
Y
de los apellidos. Por lo general son con tres letras: Zec, Toc, Can,
o como Pooc, en fin, muy mayas. Pero nos dijo que se han mezclado
con filipino y sus apellidos se parecen, fonética y gramaticalmente.
Así cuando quieren saber los apellidos de un niño, lo tiran de un
pirámide. El sonido que hacen al caer ese será su apellido. Si suena
puc,zoc, entonces el niño se llamara (por decir algo) Carlos Puc Zoc.
Bueno, como broma pasa. Pero no creo que les haga nada de gracia.
Por la tarde, a la explanada del asta bandera, a poner el Sol. Para
variar llegamos tarde. Ya estaba mi telescopio en el lugar. Me llevé
el Meade, con todo y su inconel. Fue terminar de instalarlo y se
hace la fila de personas: gringos, italianos, argentinos, españolas
y sobre todo gente del pueblo de Cozumel. Muy educados, muy
civilizados, con interés y participativos. Menciono un chavito como
de siete ocho años, venía con su mamá, fue ver el Sol y quedó
enganchado. Digo había otras personas, grandes y pequeñas, viejos y
jóvenes, chavitas que se volvían a formar, niñas que repasaban su
clase de geografía, con nosotros y sus papás. Pero el chavito fue el
del premio mayor, veía que una persona se alejaba del ocular para el
observar el Sol, la Luna y Júpiter, que fue lo que pusimos, se ponía
ver de nuevo, corría y se retiraba, por un rato nada más. Regresaba
y se volvía a ir. A este chavo sí que le prendió al observación.
Casi a las nueve terminamos, bueno nos sacaron de la explanada.
El sábado 24 había que hacer un taller de reparación de telescopios.
La verdad y lo confieso, no fui. Me quedé en el hotel snorqueleando,
a Cozumel no hay que verlo por arriba del nivel del mar, sino debajo
del nivel del mar. Es el segundo mayor arrecife coralino del mundo,
después del de Australia, pero Cozumel sin tiburones. Ese es su
mérito. Vi mucho escombro, varillas, partes de columnas de edificio,
en completo estado de demolición, ahí en el fondo del mar. Me
explico Alvarito que esos restos los aventó al mar el huracán Vilma.
El destrozó alcanzó hasta el tercer piso del edificio. En eso
estaba, cuando siento que la llave, una tarjeta muy parecida a las
del metrobus, ya no la traía. ¿Dónde se me salió de la bolsa? No
está por aquí. ¿No se me haya caído al fondo? Si ya la vi. A unos
seis metros. Arriba de unas piedras. Pues a meterse de cabeza. Pero
no sé que fue. Eso de meterme al agua, en la fosa de clavados, hasta
el fondo, no es problema para mí. Pero esta vez, con el visor que
traía, sentí una gran angustia. Me latía el corazón muy rápido. Otro
intento y lo mismo. Pero si esto no es problema, ¿por qué me pasa
esto? No. Me debo superar. Esto no me gana. Así que respiro
profundo, me sumerjo, cuento hasta veinte, bien despacio, salgo. Si
puedo. Me quitó el visor. Veo donde está la tarjeta. Me hundo y la
agarro. Salgo con la famosa llave. Pero ¿qué me pasó? Tardo un largo
rato en calmarme. Pero obtuve la llave. Comemos y subimos al cuarto,
si no abre, pues se desprogramó y que la programen de nuevo. Pero no
la tengo que pagar por perderla. Creo que es lo mejor.
Pero se acerca la hora de irnos a Mezcalitos. Mi querido compadre
Alvarito anda como loco. Me pide que bajemos el equipo. Que le
instale a su máquina un scaner. Al final. Judith, Adriana y Sandra,
se van con la hija de la señora Cecilia. Raba me las llaves de un
Atos. ¡Con lo que me gusta manejar! Nos vemos en el Hotel Casa
Mexicana. Al llegar veo mi telescopio con todo lo que hay que
llevar. No han llegado los camiones que según se dijo nos iban a
recoger para ir a Mezcalitos. Dios, subo lo que puedo en el carrito
y me llevo a Silvia, Pablo, a José Luis y, por supuesto, a mi
querido telescopio.
Desde la tarde vengo viendo una tormenta en la costa continental.
Como a las cuatro de la tarde se que se soltó la lluvia. Pero no me
agrada el yunque del cúmulo nimbo que viene para la isla. Ojalá y no
se nos nuble.
¿Oye sabes por dónde es?
Pues mira, resulta que en el tránsito de Venus por el Sol del 2004,
dije que se podía ver desde México. En el punto más oriental del
país, que es Punta Molas. No lo vimos desde ahí, ya que llegar a
Punta Molas, es toda una aventura. Pero si desde Mezcalitos. Después
de verlo y nadar en la playa, nos dimos cuenta, Judith y yo que ahí
no pasa nadie. Así que ha caminar. Nos aventamos los 16 kilómetros y
cruzamos la Isla. Pero ya no recordaba mucho de San Miguel de
Cozumel. El Capitán quien sabe donde andaba. Sí preguntando se llega
a Roma, me imagino que llegar preguntando a Mezcalitos es más
sencillo. ¿Para Mezcalito señor? (Imaginen el hablar maya) Mire, ¿ve
el semáforo? Ahí de vuelta al izquierda y hasta el fondo, al otro
lado de la isla. Ja… Sigo sus puntuales instrucciones y, luego de un
rato y 16 kilómetros, veo Mezcalitos.
Policías, marinos armados. Mucha seguridad. ¿A dónde van? Al evento
del Reto México, traemos telescopios. Nos miran y nos dicen que
pasemos con todo y el carrito. Me encuentro con Judith, Adriana que
andaban como hormiguitas afanadoras: de acá para allá. Bastante
nerviosas. Pero me estaciono y bajo el equipo. A instalar.
Ya estaban puestos como 50 equipos. 50 personas tratando de ver la
Luna.
Pudiera ser que fuera la primera vez que pusieran un telescopio.
Pudiera ser que fuera la primera vez que observen algo del cielo.
Pero aquí estamos.
Hay algo que más me puede y es el nublado. La nube, un alto estrato,
nos está invadiendo. Eso no lo veo nada bien
La verdad es que se me pegó el nerviosismo y apuración de todo el
mundo. Pongo el tubo del telescopio al revés. No ajusto bien una
pata del tripié y casi casi se me cae. Por poco me pongo a chillar.
Pero no la mano amiga de mi querida Judith viene a mi ayuda y
detiene todo. Gano equilibrio y pongo al telescopio en pie. Bueno,
va de nuevo. Son las 19:00 y yo a aquí empezando de nuevo. No se por
qué, pero con prisas nada sale bien. No lo puse bien alineado, pero…
Funciona. Por fin. Ya opera.
Pongo la Luna y a observar. Solo se ve Teophilus. Gutenberg en todo
su esplendor. La verdad es que esos dos objetos “jalan” la mirada.
Atlas, Hércules, Langrenus, Cleomedes están impresioanates. Pero lo
que más se ve es el terminador, Teophilus con sus bordes mitad
iluminado, mitad en sombras, su pico central iluminado. Lo demás
oscuro. Negro como mi alma, pero bien notable.
Aun con las nubes la Luna se puede ver ¿eso será obstáculo para el
record Guinness? Pero la nube se va haciendo más y más delgada,
ojala y se quite.
Aquí vienen los jueces. Ven, no creo que hayan observado. Ven que el
telescopio tiene la Luna y adelante. Después la plática de Víctor
Torres y otra de Fernando Correa.
Después viene la gente. Esa gente de Cozumel. Gente educada,
inteligente, amable. Su preguntas bien hechas, por su manera de
expresarse, se ve que son personas con un nivel más allá que el
promedio del país, según se dice tercer año de primaria, pero estas
personas lo desmienten, tiene una buena educación. Y la lucen. La
verdad que la forma de hablar los delata como cultura yucateca.
Perdón, ¿qué está viendo aquí? La Luna señora. ¿Podemos ver la Luna?
Si para eso estamos aquí. Y así por el resto de la noche. Los
apuntadores laser de acá para allá.
Y de repente el anuncio: “Aquí en Cozumel se han utilizado 87
telescopios viendo la Luna”.
Aplausos y gritos, chiflidos y la aprobación universal “si se pudo”
y lo hicimos. “El Reto México” es de todos. Bueno vale la pena.
Exactamente en ese momento el cielo se despeja por completo y vuelvo
a ver un cielo lleno de estrellas. Ese cielo que todo buen
aficionado quiere para ver y observar. El viento es fuerte. Pero al
poner Júpiter mi telescopio se vibra por el viento. Más gente. Tengo
a veinte personas y en algún momento a dos o tres, pero, cuando
termino de explicarles lo que se está viendo, ya tengo como a otras
veinte más. Esto no acaba. La verdad que si fue exitoso venir acá.
Ya como a las once de la noche levantamos todo. Buena experiencia. A
cargar todo en el Atos.
Al salir de Mezcalito me doy cuenta que este carrito no trae
gasolina. Se prendió el indicador y no sé donde hay una gas. Alcanzo
la camioneta de Raba y le grito que no traigo gas. Le comento a
Judith que la carretea transversal debe tener una gas. Y así es. Son
casi las doce de la noche y aquí está todo el mundo cargando
gasolina. Sobre todo estas motos tipo vespa, o scuter, tan populares
en la isla. Todo el mundo en su scuter con sus cascos brillantes,
mujeres y hombres, hasta los niños van en la moto bien agarraditos.
La verdad es que da miedo verlos. Pero ellos van bien quitados de la
pena. Eso si respetan los cruces y permiten el paso “igualito que en
el DF”.
Al llegar a Casa Mexicana” dice Alvarito que esperemos al resto, que
se quedaron en Mezcalito, para ir a cenar. Después de una hora me
muero de sueño y me despido. Al pasar por un antro veo a varios del
grupo que se habían quedado en Mezcalito, muy quitados de la pena,
ayudando a Ada a salir de la camioneta. Oh Rabita creo que vas a
morirte de viejo esperándolos.
Me duermo como un bebé. Pero con eso del cambio de horario nos
despertamos a las 5 no a las 6. Así que le propongo a Judith, tomar
el Atos y darle una vuelta a la isla o ir a esnorquelear. Ella dice
que a esnorquelear, cosa que me parece muy bien. ¡Me encanta el olor
del agua salada al amanecer! En una de las salidas a respirar vemos
a Adriana y a Álvaro, no somos los únicos locos por aquí. Tal cual
salimos del agua un regaderazo y a desayunar. Entre otras cosas
comentamos que es la primera vez, en los catorce o, quince años que
lleva el horario de Verano que nos sirve de algo: esta horita nos
supo a gloria. Y en el paraíso terrenal, mas.
A
las ocho hay que estar listo (¿listo yo? ¡JA!,) pero bueno. Raba se
queda uno o dos días más. El mandara mi telescopio y otras cosas
más. Salimos como alma que lleva pena al embarcadero del ferry. Ya
están los demás. Subimos y el relajo no se hace esperar. ¡Qué
caritas! ¿Tas crudito verdad? No hables tan fuerte. Mi cabeza. Si ya
sé lo que más te choca es que los malditos borrachos te pisaron las
manos. Esta vez no estábamos tantos en la cubierta descubierta (mira
que cosa más linda: “la cubierta descubierta”,) pero igual estábamos
desatados.
Al llegar a Playa del Carmen necesitábamos un cajero para darle un
dinero a Adriana. Si ahí está, como la Puerta de Alcalá, pero solo
entrega dólares americanos. Bueno Adriana para que no digas nada
malo nosotros te pagamos en dólares.
¿Les comente que Ada y Georgina se echaron una carrerita en silla de
ruedas?
Pues Ada no necesita la silla, pero le encanta, eso que la lleven y
la traigan y ella como reina de la primavera, arriba del carro
alegórico. Georgina por que se le rompió el dedo meñique del pié
izquierdo. En la sala de documentación, mientras Bernardo hacía el
cambio de nombre de su boleto, estas dos importantes miembros de
Astronomía Educativa, hicieron el reto, no el Reto México, pues ese
ya había terminado, sino el de carreritas en silla de ruedas, ahí en
la terminal en la sala de documentación, está bien planito. Yo les
di la salida. Gano Ada la ida y el regreso. Georgina casi choca con
una columna, mi modo perdió, por no saber controlar su silla.
Pero, así es el grupo, lleno de gente bien especial.
Gracias y adiós. O gracias a Dios que este (su) cuate terminó de
escribir sandeces…
ING. JOAQUÍN HERNÁNDEZ MORALES.
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5490-4375